domingo, 20 de junio de 2010

Acerca de la Fuensantilla (II)

Una cuestión que se plantea tras la entrada anterior es tratar de conocer de qué aguas se abastecía en sus últimos tiempos la Fuensantilla ya que, en el caso de que fuera una derivación del Aqua Nova (lo cual, insisto, aún no está demostrado… y esperemos que pueda aún demostrarse en un sentido u otro), el texto del Padre Ruano en el que se basa esta hipótesis de Ángel Ventura parece dar a entender que ya en el siglo XVIII el acueducto romano se encontraba en ruinas, y la Fuensantilla como tal estuvo en funcionamiento por lo menos hasta finales del XIX.

Ciertamente, tratar de descifrar esta cuestión es prácticamente imposible, por cuanto ya López Amo en su obra de "Las Aguas de Córdoba" (1876) dice del “Agua de la Fuensantilla”: “Esta agua es la que se halla en la alcubilla de la Fuensanta vieja, la que viene por una gran atargea que desde el indicado depósito va por el callejón que está a la espalda, siguiendo como unas doce varas entrando desde este punto por bajo de la cerca del huerto o corredor que se encuentra a la izquierda de la citada alcubilla, siguiendo por él con algunas lumbreras que más de una vez han descubierto los arados, ignorándose después su curso y nacimiento. En esta alcubilla se depositan las relacionadas aguas [....]. De la alcubilla salía finalmente una cañería hasta un pilar (una fuente sin ningún adorno), del cual los cordobeses podían coger el agua. Fuera del pilar y la alcubilla, no se sabía ya prácticamente nada más…

Si la “gran” atarjea inmediata a la alcubilla, como se desprende de la hipótesis de Ángel Ventura, era parte, o al menos una derivación, del acueducto romano, es evidente que, como muy tarde en el siglo XVIII, ya no cumplía su función original, que era transportar un caudal de agua procedente de veneros del entorno del arroyo de Pedroches. Sin embargo, abandonado el acueducto, la atarjea podría estar funcionando como un conducto de drenaje, interceptando y recogiendo corrientes subterráneas cercanas. Incluso, podría estar drenando el mismo nivel freático. Y aquí, conviene recordar que el mismo López Amo, además del “Agua de la Fuensantilla”, cita como un caso aparte el “Agua de la Piedra Escrita”, “procedente de los sudaderos de un terreno inmediato a la Fuensanta vieja”. Es decir, el freático estaba tan alto en el entorno de la Fuensantilla que llegaba a rezumar agua del suelo por algunos sitios.

Hasta aquí lo que puede ser fácilmente consultado. ¿Se puede sacar algo más? Pues algo sí; por lo pronto que en el entorno de la Fuensantilla, a día de hoy, el freático sigue estando alto. Y que, aparte de un nivel de aguas elevado, también circulan diversas venas o corrientes de agua subterráneas en la parte más oriental de ese cerro que podríamos delimitar entre Ollerías, Alonso el Sabio y Almogávares.

En primer lugar, contamos con información de primera mano del técnico de EMACSA que dirigió las últimas obras de alcantarillado en las calles que llevan por nombre Bailén y Navas de Tolosa. Éste me comentó (hará cinco años) que durante las referidas obras se les apareció un manto de agua a una muy escasa profundidad. Pero es que, además, según dicho técnico no habían dado con una capa más o menos irregular de agua, sino que el freático adquiría claramente la forma de un arroyo subterráneo: “era una corriente de agua clara que circulaba en un lecho perfectamente delimitado sobre guijarros” (imagen 1).

Igualmente, durante la construcción de algunos bloques de pisos de las Ollerías y de la calle “San Juan de la Cruz” los constructores se toparon también con el agua del freático al hacer los cimientos de los edificios, siendo especialmente destacado en este sentido el bloque situado justo en la esquina de Los Almogávares, donde se encuentra “Muebles Sánchez”. Más recientemente, esta circunstancia se ha vuelto a reproducir (ahora incluso con mayor intensidad) en la nueva calle que es prolongación de “San Juan de la Cruz”, y que lleva el nombre de “Héroes de Chernobil”. Sus flamantes edificios también tienen problemas en sus cocheras con un nivel freático muy alto; pero es que, nuevamente, bajo algunos de ellos lo que circula es otra corriente subterránea (imagen 2).



Imagen 1: Veneros (flechas azules) y afloramientos del nivel freático (círculos) en las inmediaciones de la Fuensantilla.

Imagen 2: calle Héroes de Chernobil. Por los edificios de la izquierda transita un venero.

Finalmente, un hecho curioso. El citado técnico de EMACSA no tenía dudas de hacia donde se dirigía “su” arroyo: hacia la Puerta del Colodro: “es el Gualcolodro, estoy seguro”. Con ello, de un plumazo se unen dos lugares asociados en la tradición popular con San Acisclo y Santa Victoria: la casa donde supuestamente vivieron acogidos por una humilde mujer llamada Minciana, que hoy es una ermita dedicada a ambos (imagen 3), y la esquiva fuente, al final de la muralla, a donde iban a por agua. ¿Simple coincidencia?



Imagen 3. Ermita de los Mártires, junto a la Puerta del Colodro.

lunes, 7 de junio de 2010

Acerca de la Fuensantilla (I)

Con la última y acertada remodelación del entorno del antiguo Hospital Militar, se ha creado en la intersección de la Avenida de los Almogávares con las Ollerías una nueva glorieta, a la cual nuestro Ayuntamiento ha puesto por nombre, con buen criterio, “Glorieta de la Fuensantilla” (imagen 1), topónimo este último que gran parte de los cordobeses conservábamos para esa zona aun cuando estaba fuera del callejero oficial (¿sería ya mucho pedir que el tramo de la glorieta de los Almogávares que se encuentra más arriba llevase el nombre de “Santos Pintados” para rematar la faena?).


Imagen 1. Glorieta de la Fuensatilla, de reciente construcción.

El caso es que este nombre de “Fuensantilla” o “Fuensanta Vieja” hunde sus raíces en una histórica estructura de abastecimiento de agua potable que aparece en todos los planos de Córdoba del XIX aunque, posiblemente por encontrarse extramuros, dibujada generalmente de forma poco precisa (imágenes 2, 3 y 4).



Imagen 2. La Fuensantilla. Plano de 1811.

Imagen 3. La Fuensantilla. Plano de 1851.

Imagen 4. La Fuensantilla. Plano de 1884.

Dentro de los escasos datos sobre la misma, Ángel Ventura, en su libro sobre el Abastecimiento de Agua a la Córdoba Romana, y en particular cuando trata el acueducto Aqua Nova, aporta una hipótesis de calado sobre su origen: que fuese una toma o derivación de aguas de este acueducto romano, cuyos últimos restos conservados se localizaron en una excavación arqueológica de 1992 en la Barriada de Fátima, cerca de la antigua cárcel. Ventura propone a partir de ahí un recorrido en alto que iría más o menos por parte de la Barriada de Levante, siguiendo por el norte de las Ollerías, hasta llegar al Campo de la Merced, donde se encontraría su depósito final antes de distribuirse intramuros.

Se apoya para ello en la cita que de este acueducto hace el Padre Ruano en su Historia General de Córdoba del siglo XVIII, siglo en el que parte de su trazado estaba aún visible (otra cosa es si estaba en uso). En dicha referencia se indica que tras llegar el acueducto a un gran alberca o depósito situado más o menos por terrenos de lo que hoy es la populosa Barriada de Fátima (en concreto por la hacienda de Miraflores), pasaba a ser canalizado por lo alto de un muro o arcada (para salvar la vaguada del arroyo de las Piedras, como apunta Ventura, y anteriormente la del arroyo Hormiguita o Camello). Esta obra en alto contrastaba por su altura (casi 5 metros), tras un recorrido del acueducto mayoritariamente bajo tierra o a ras del suelo desde sus captaciones de diferentes veneros en el entorno del arroyo Pedroches. Los blogueros Paco Muñoz y Alberto EM de 8picos han ilustrado fotográficamente algunos de estos restos junto al arroyo, desafiantes al tiempo pese al olvido de todos...

Ángel Ventura reafirma esta interesante hipótesis con dos datos más. Primero, el que en el ámbito del pueblo cordobés se hablaba de que la Fuensantilla ya existía en época romana, puesto que la tradición sostenía que allí iban a por agua San Acisclo y Santa Victoria (de ahí lo de Fuente Santa, luego con el apelativo de “Vieja” cuando surgió la actual que le quitó ya el protagonismo). Segundo, que poco más arriba de la actual calle Virgen de Linares ha existido hasta el siglo XX un cortijo con el sugestivo nombre de “Murillo” (imagen 5) que podría evocar la obra de sostén citada, aunque de ir ésta por la alta ladera que hay en esa zona debería ir ya soterrada. Desde aquí la Fuensantilla no sería sino una mera acometida desde la conducción principal que seguiría su curso adelante, siempre buscando el Campo de la Merced.

Imagen 5. Cortijo del Murillo. Plano de 1927 (se observa ya el solar del Hospital Militar).

En este punto quizá sea interesante apuntar una intuición propia, y es el hecho de que la calle Virgen de Linares, prolongada en una forma particular de “L” por la actual San Juan de la Cruz, constituía el llamado “Camino Viejo” desde la zona norte de la ciudad hasta el arroyo de Pedroches y el Muriano, ya que la Carretera de Almadén es una infraestructura posterior. Ello podría ser de interés porque, en muchas ocasiones, acueductos y antiguos caminos compartían un mismo trazado (como pasa por ejemplo con el Carril de los Toros y el Acueducto de Valdepuentes o Aqua Vetus) puesto que aquellos se intentaba en lo posible dirigirlos por vías públicas y evitar así servidumbres privadas.

Esta es la interesante propuesta de Ángel Ventura sobre la Fuensantilla. Precisamente, el solar donde se ubicaba dicha “Cortijo del Murillo” se encuentra actualmente preparado para iniciar la construcción de pisos, los que en una intensa campaña publicitaria en la que se remarca su interesante precio se han anunciado como “Los famosos pisos del Vial” (imagen 6). Esperemos que las obras tengan un adecuado seguimiento arqueológico y se arroje luz en un sentido u otro sobre la que, hasta ahora, es sólo una genial hipótesis.

Imagen 6. Solar actual en construcción en la ubicación del Cortijo del Murillo.

En la siguiente entrada trataré de aportar algunos datos más sobre la Fuensantilla, lo que, adelanto ya, es todo un rompecabezas sobre el cual quedan aún muchas piezas por encajar.

viernes, 28 de mayo de 2010

Los olivos de Córdoba y la Casa Carbonell

Nada nuevo se aporta si se indica que el aceite de la Bética era en época romana un producto “estrella”, exportado a todos los confines del Imperio. El Guadalquivir, navegable hasta Córdoba, era el eje clave por donde se canalizaba el trasiego de ánforas y embarcaciones para transportar tan preciada joya. En las orillas cordobesas y sevillanas del gran río, se disponían las fincas de olivares, las almazaras y los pequeños muelles de embarque de un sector que era un referente de poder económico y social para todo el mundo romano.

Esta imagen puede parecer algo extraña hoy día, cuando asociamos el olivar con la provincia de Jaén, y al cultivo lo situamos más en terrenos acolinados que en zonas bajas de vega. Este desplazamiento paulatino del olivar hacia áreas más onduladas (y menos fértiles) comienza en los siglos medievales, pudiéndose citar entre diferentes motivos la introducción en el período andalusí de nuevos cultivos de regadío que, lógicamente, necesitaban imperiosamente el agua cerca, mientras que el sufrido olivo se adapta perfectamente al secano. Así, cuando Fernando III conquista Córdoba en 1236 se reserva para sí un olivar situado ya en la falda de la sierra, concretamente en el “pago de la Arrizafa”. En cuanto al olivar de Jaén, hoy peligroso monocultivo, es a partir del siglo XVIII cuando comienza su expansión vertiginosa, gracias a la nueva vía de comunicación abierta entre Madrid y Andalucía a través de Despeñaperros, proceso que vino además acompañado de políticas de fomento para roturar y desmontar zonas incultas para implantar olivos. Se entendía, con buen criterio, que la presencia constante de agricultores por aquellas tierras haría más segura un área hasta entonces copada por grandes masas forestales.

Es precisamente a mediados del XIX, momento en que la provincia de Jaén comienza a superar a la de Córdoba como primera productora de aceite nacional, cuando Antonio Carbonell y Llacer, con la moral propia de los de Alcoy, funda en 1866 la Casa Carbonell, eligiendo nuestra ciudad como sede de este incipiente negocio aceitero. Su idea era comercializar a gran escala el aceite de oliva, producto cuya calidad desde la época medieval dejaba bastante que desear, lo que limitaba su uso habitual en la alimentación. Muchas de las aceitunas se recolectaban desde el suelo, para posteriormente acumularse incluso meses en los patios de las almazaras a la espera de ser molidas y prensadas en instalaciones rudimentarias y limitadas, propiedades de señores o eclesiásticos que tenían la absurda prerrogativa de que en sus territorios estaba prohibido fabricar aceite fuera de sus almazaras. No es de extrañar que el resultado era, por lo general, un aceite virgen prácticamente incomible, llamado “lampante” porque su destino habitual era emplearlo para las lámparas de aceite. Por ello, Madrid fue a principios del XIX un mercado clave para el aceite de Jaén… como combustible para el alumbrado de la capital.

Con este panorama, la Casa Carbonell se adapta necesariamente a lo que hay. Construye en una zona extramuros de la ciudad con cierta tradición oleícola la fábrica de aceites “San Antonio”, amplio conjunto de dependencias caracterizado por ese característico Chimeneón construido en 1903 y felizmente conservado (imagen 1). El aceite virgen que compraba a granel a las almazaras se sometía aquí a un proceso industrial químico de refinado para quitarle los malos olores y sabores. Este aceite ya refinado se mezclaba con una pequeña proporción de aceite virgen de cierta calidad, obteniéndose lo que aún hoy conocemos como el “aceite de oliva” de toda la vida, que puede ser “suave” o “intenso” o, como se decía antes, de 0,4 ó 1 grado. Además, es preciso indicar que el aceite “virgen extra”, donde el producto procede sólo de medios mecánicos y no hay ningún tratamiento químico, es un feliz advenedizo que no aparece en nuestras tiendas hasta los años 90, cuando las mejoras técnicas en las explotaciones y almazaras permitieron obtener grandes volúmenes de aceites con una mínima calidad para poder ser consumidos directamente.



Imagen 1. fábrica San Antonio. Fuente: Archivos Carbonell y Cía. (extraída de la tesis de la UCO, Los efectos de la evolución tecnológica en la almazara cordobesa. Aspectos tecnoeconómicos y socioculturales).

Volviendo al tema que nos ocupa, la estrategia empresarial tiene éxito, y Carbonell llega a ganar concursos para suministrar aceite de oliva a clientes como la Casa Real y al Almirantazgo Británico. En 1904 la imagen de la cordobesa agarrando la rama de olivo, que identificará para siempre sus productos, gana el Gran Premio en la Exposición Universal de San Luis. Conforme avanza el siglo XX, la empresa se consolida como la primera marca de aceite nacional, abriendo con éxito mercados extranjeros, donde es líder indiscutible en países como Argentina a pesar de la potente competencia italiana. La empresa sigue creciendo y se traslada del casco urbano a unas modernas instalaciones de la barriada de Alcolea, donde se construye la mayor envasadora y refinería de aceite del país.

Pero comienza una nueva y agitada historia, la cual desgraciadamente ya no será dirigida desde Córdoba. En 1985 Elosúa adquiere Carbonell, que en los 90 sería a su vez adquirida por el grupo Koipe, con entrada de capital italiano. No para ahí la cosa. Koipe es a su vez absorbida o fusionada con el grupo SOS-Cuétara en 2003. Todo un traqueteo que no acaba aquí, y que tiene su último y penoso corolario en la crítica situación actual del grupo SOS, necesitado urgentemente de la entrada de inversores para que no se vaya a pique. Sobre la planta de Alcolea ha pesado estos meses la amenaza de un expediente de regulación de empleo que, afortunadamente, parece que no se va a llevar a cabo.

Así que la historia de Carbonell es un ejemplo más de cómo el esfuerzo empresarial que ha creado riqueza en una ciudad puede desvanecerse en un mercado global donde las decisiones se toman a kilómetros de distancia, por gente que posiblemente no distinga un olivo de un girasol, ni el aceite del detergente de la ropa. Lo que sí que saben es del valor comercial de la marca Carbonell, que se ha mantenido invariable a pesar de los diferentes dueños. Un reciente estudio del Foro de Marcas Renombradas Españolas la sitúa junto a Freixenet como las marcas agroalimentarias españolas más reconocidas internacionalmente. Tanto es su valor de marketing que hay un pleito por plagio contra la marca “La Española” porque ésta ha diseñado para su aceite una etiqueta, con una andaluza sentada plácidamente en un olivar, sospechosamente parecida. (imagen 2)


Imagen 2: marcas de aceite La Española y Carbonell.


En resumen que Carbonell se sigue asociando a Córdoba, por mucho que ya no pintemos nada en su rumbo. Sigue siendo a pesar de los pesaras la marca más vendida en el mercado español de aceites en su conjunto y la marca española de aceite de oliva más vendida en el mundo. De sus compras de aceite dependen gran parte de las ventas de los olivareros, no sólo de Córdoba sino de toda Andalucía. ¿Es posible que se pierda todo esto y nadie haga nada? ¿dónde están nuestros empresarios e instituciones?

jueves, 20 de mayo de 2010

La red de aguas de la sierra


A principios de este mes de Mayo se ha pasado por nuestra ciudad el Consejero de Medio Ambiente para inaugurar la ampliación de la depuradora de aguas de La Golondrina, además de dar publicidad a la obra prevista de una nueva conducción para llevar agua hasta el Parque de Los Villares y la barriada de Cerro Muriano, cuya dotación de agua actual no se considera suficiente. Ambas obras se inscriben dentro de un Protocolo de colaboración, firmado entre la Agencia Andaluza del Agua, dependiente de dicha Consejería, y el Ayuntamiento de Córdoba.

Como es más o menos sabido, el agua de Córdoba proviene del pantano de Guadalmellato, llegando a la Central de Villa Azul a través de dos conducciones cuya descripción no viene al caso (se pueden ver fácilmente en el arroyo de Pedroches, donde aparecen juntas, en compañía además del Canal de Riegos). En dicha Central, de arquitectura inconfundible en lo alto de un cerro, el agua es sometida a diferentes procesos físico-químicos para potabilizarla. Una vez tratada, desde aquí sale por conducciones que, aprovechando la altura desde la que parten, abastecen prácticamente a toda la ciudad. Y este “prácticamente” es porque aunque Villa Azul está en un punto alto, quedan zonas como el Brillante y alrededores que están a mayor altura, y entonces al agua hay que ayudarla para que pueda “subir”.

Para ello, una conducción baja desde Villa Azul y se encamina hacia el terrizo de la calle Cardenal Portocarrero, hacia la zona de la finca “el Duende” o de “las Canteras de Olmo” (este Olmo, por cierto, me dicen que era el capataz de la citada finca, y parece que su apellido ha tenido más éxito como topónimo). Aquí llega el agua a una estación de bombeo de EMACSA (imágenes 1 y 2), donde es “empujada” hacia arriba y distribuida hacia tres depósitos que regulan el abastecimiento de estas zonas altas. Estos depósitos son los de Antas (que es el situado a mayor altitud), el del Cerrillo y el del Carril de la Huerta de Los Arcos (imágenes 3, 4 y 5). Como curiosidad, hasta hace no muchos años, junto con el agua bombeada desde Villa Azul, estos depósitos también se llenaban con el agua procedente de tres veneros propiedad del Ayuntamiento: el de Antas (junto al depósito citado, situado en la finca de la que ambos reciben el mismo nombre), el de Santa María (el antiguo venero de las Aguas del Cabildo, en las inmediaciones de la Aduana) y el de Santa Clara, localizado en el cerro junto a la cuesta del catorce por ciento (el “cuadrante”). Sin embargo, hoy día, las aguas de estos veneros sólo se emplean (y como complemento) en el caso de sequías extremas, siendo la mayor parte del tiempo desaguadas en las cercanas cabeceras de los arroyos del Moro (el de Santa María) y de las Piedras (los de Antas y Santa Clara).

Imagen 1: Exterior de la estación de bombeo de "El Duende".


Imagen 2: Interior de la estación de bombeo de "El Duende".



Imagen 3: Depósito de Antas.


Imagen 4 : Depósito de El Cerrillo.


Imagen 5 : Depósito del Carril de la Huerta de los Arcos.


Hasta aquí la descripción, más o menos simplificada, de cómo funciona la red de aguas de nuestra sierra. El resto de núcleos serranos, legales o ilegales se abastecen de aguas subterráneas (así Trassierra, Las Jaras, etc.), excepto Cerro Muriano, que se abastece del pantano de Guadanuño. Con la nueva obra proyectada, sin embargo, la red de abastecimiento da un importante salto cualitativo, puesto que se pretende construir otra importante estación de bombeo en El Cerrillo que impulse el agua aún más arriba, hasta las zonas ya comentadas de Los Villares (donde se planifica un depósito) y Cerro Muriano. Con todo ello se posibilita un abastecimiento de agua a gran escala para las zonas más altas de la sierra.

Nada se puede, en principio, objetar a ello. El agua es vida. Pero a mí, personalmente, todo esto me provoca cierto recelo, sobre todo cuando la Gerencia de Urbanismo dio permiso en Enero para construir un hotel en el Club de Golf de Los Villares, noticia que pasó desapercibida porque el mismo día, y en el mismo lote, “vendía” el Ayuntamiento que se redefinía el PGOU para expropiar los Baños de Popea y preservarlos de las acometidas urbanísticas. Los Villares es un Parque Periurbano, tiene su plan de preservación, la Consejería de Medio Ambiente vela por ello... Pero la ecuación disponibilidad de agua y luz igual a construcción, normalmente sin papeles, ya nos la sabemos. Y ahora, gran parte de nuestra sierra (no sólo Los Villares, que posiblemente sea el sitio más controlado) va a tener cerca una red que asegura disponibilidad de agua en abundancia.

Así que, el amigo de 8picos, que con tanto afán intenta recorrer todo el cauce del arroyo de Pedroches hasta su nacimiento, precisamente por Los Villares, debería no demorarse mucho. Por si las moscas…

viernes, 7 de mayo de 2010

La conferencia sobre la Córdoba oculta

El pasado miércoles 5 de Mayo tuve la posibilidad de asistir a una conferencia organizada por la Asociación Al-Quibla sobre "La Córdoba oculta: pasadizos, veneros y canalizaciones de agua subterráneas", siendo el ponente un viejo conocido, Francisco José Gamero, más conocido por un seudónimo (que no voy a citar) en este mundillo de la Red, y como Pancho en el trato cercano.

La conferencia despertó un interés inusitado, estando la Ermita de la Candelaria, donde se celebró el acto, prácticamente a rebosar. Y Pancho (perdón por la licencia), lo bordó, consiguiendo transmitir al auditorio su sincero entusiasmo por esa Córdoba de las profundidades de la que casi todos los cordobeses hemos oído algo, pero que muy pocas veces hemos podido comprobar cuánto hay de realidad en ello (vamos, yo he oído contar hasta que hay un pasadizo subterráneo desde la Mezquita a Medina Azahara). Como toda buena conferencia, la gente se quedó con ganas, y así en el turno de los asistentes salieron a la luz muchas preguntas sobre si realmente existían conducciones de agua en sitios tan dispares como la calle del Agua, la calle Carlos Rubio (anteriormente del Baño), la Torre Malmuerta, la Puerta del Rincón, el caño de Vencenguerra, el Colegio de Santa Victoria... Vamos que si cada asistente dijera lo que sabía o le habían dicho tendríamos ya el mapa completo de la Córdoba subterránea, o por lo menos un esbozo, porque luego Pancho se encargaría de bajar y comprobarlo (que hay que tener para hacerlo).

Como se expuso en el propio anuncio de la conferencia, Pancho está realizando aún su tesis doctoral con toda esta información que con tanto tesón y esfuerzo busca. Y no es cuestión de ir por ahí difundiendo lo que dijo. Sólo me quedo con una hermosa cita en la que más o menos vino a decir que "uno se emociona cuando llega a donde nace un venero y ve el agua salir de entre las rocas". Bueno, por desgracia, no todos. Algunos sólo ven en los veneros algo inútil y caduco. Otros sólo verán su utilidad si hay posibilidad de apropiárselos (así por las buenas) para llenar sus piscinas. De ambas actitudes se dieron nombres en la conferencia que es mejor no airear. Son de gente para los que el patrimonio común e histórico de los cordobeses no les dice nada. Por cierto, Pancho, es de Badajoz y su compañero infatigable de pesquisas veneriles, mi amigo Ángel Martos, es de Jaén. Aman más a Córdoba que todo estos supuestos cordobeses juntos. Así nos va.

Felicidades a Al-Quibla. Felicidades a Pancho.

Gracias por todo.

viernes, 16 de abril de 2010

La "Nevería" de la Calle Mayor

Seguramente el título de esta entrada no le dirá nada a la gran mayoría de los cordobeses, pero si se limitan éstos a los habitantes de cierta edad del barrio de San Lorenzo la cosa cambia. La mayoría de estos vecinos rápidamente asociarán la "Nevería" con una gran casa de vecinos conocida popularmente por dicho nombre, situada en la calle Mayor (María Auxiliadora) y que fue derruida en la década de los 90 del pasado siglo. Y los vecinos de más edad añadirán, con razón, que lo de "Nevería" viene precisamente porque allí hubo anteriormente una fábrica de hielo, que algunos (desgraciadamente ya pocos) incluso puede que la hubiesen visto funcionar.


Imagen 1. Aspecto actual del solar en el que se ubicaba la "Nevería".


Afortunadamente, esta "Nevería" es citada de pasada en un interesante artículo referente al comercio de la nieve en Córdoba (http://www.arqueocordoba.com/publ/publolPDF/pizarro-nievecordoba.pdfl/publolPDF/pizarro-nievecordoba.pdf). Hasta el siglo XIX, el uso de pozos situados en zonas frías donde se acumulaba la nieve caída era el único sistema para disponer de hielo. A partir de este siglo, el desarrollo industrial posibilitó producirlo artificialmente, enfriando agua que se movía por máquinas de vapor a lo largo de unos serpentines. Y aquí es donde aparece por primera vez nuestra "Nevería", indicándose en el citado artículo que la primera fábrica de hielo "artificial" que pidió instalarse en Córdoba se ubicaba en la esquina de las calles Mayor y Alvar Rodríguez, y que partió de la iniciativa de la compañía francesa de Mr. Caville y Cía.

Lo notable del caso, se apunta en el artículo, es que esta fábrica se instaló sólo un año después de que un tal Carré patentara este método de obtención industrial de hielo. Es más, en el artículo se indica que la primera fábrica española de este tipo de la que se tenía constancia documental se instaló en Tarrasa en 1874, y los datos de la "Nevería" de Córdoba (un expediente completo en el Archivo del Ayuntamiento) son por lo menos de una década anterior.

Estas fechas tan tempranas se corroboran hojeando ejemplares digitalizados del antiguo Diario de Córdoba. He aquí un anuncio nada menos que de Julio de 1863, que sitúa la fábrica en el número 153 de la calle Mayor de San Lorenzo:


Imagen 2. Diario de Córdoba. 18 de Julio de 1863.


Y se ve que debía haber las reticencias lógicas de los consumidores ante ese hielo "artificial", porque volvieron a insistir con nuevos anuncios, éste de Junio de 1864, que resalta sus bondades frente al "natural" de toda la vida:



Imagen 3. Diario de Córdoba. 10 de Junio de 1864.

Pero aún hay más. En la también digitalizada Guía de Córdoba y su Provincia 1891-1892, que se puede consultar en la Biblioteca Virtual de Andalucía, y que es una especie de páginas amarillas de la época, aparece otras vez nuestra "Nevería" (páginas 268 y 270), como fábrica de hielo, y también de gaseosas, que sigue ubicada en el 153 de la calle Mayor y cuyo dueño era Justo González Molada (¿era un empleado de los franceses o un particular al que le traspasaron éstos la fábrica?). Este Justo González, según se indica más adelante en un índice onomástico (página 302), era Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y vivía en la calle Moros número 4.

Hasta aquí las únicas fuentes documentales encontradas en la Red sobre la "Nevería". En los Paseos, por ejemplo, cuya primera parte se editó en 1873, no aparece citada, aunque teniendo en cuenta que el libro lo fue confeccionando Don Teodomiro a lo largo de gran parte de su vida durante sus intermitentes estancias en nuestra ciudad, es posible que partes del mismo (como la que nos ocupa) fueran escritas mucho antes de ser publicadas. Tampoco se cita la "Nevería" ni nada similar, y esto ya es un lapsus más grave, en el Informe Arqueológico que sobre su solar llevó a cabo el propio Ayuntamiento cuando lo adquirió y echó abajo lo que quedaba de la casa.
(http://www.arqueocordoba.com/proy/convenio/oficinaarq/informes/50703-mauxiliadora/docs/Informe.pdf).

Y llegamos así hasta el siglo XX donde en algún momento la fábrica dejaría de abarcar su primitiva extensión, y manteniendo la austera portada de tipología industrial que daba la calle, en los amplios espacios del interior se comenzaron a construir o adaptar diferentes edificaciones como viviendas de vecinos, en una organización algo caótica de galerías, edificios de varias alturas, patios y escaleras. Por suerte aún se puede contar con testimonios orales como los de dos antiguos vecinos, "Chicote" y Morrugares, que ayudan para arrojar algo de luz sobre el tema. Por ellos podemos saber que la fábrica, o mejor dicho, los restos de la misma, se limitaban ya a mediados del XX a una especie de sótano que se encontraba a la izquierda, tras avanzar unos metros desde el ancho portalón de acceso a la casa. Como muy tarde, la fábrica ya no estaba en funcionamiento desde poco después de acabar la Guerra.

Nos cuentan que el sótano tenía cierto peligro por si se caía alguien, y por eso los vecinos construyeron encima del mismo una pequeña construcción para servir como especie de azotea, y que por unas ventanas que tenía esta nueva construcción, casi a ras de suelo, se podía seguir viendo dicho sótano con los serpentines y demás maquinaria abandonada.

Y hablan también de una cuestión que no se había planteado hasta ahora. Como fábrica de hielo, éste, por muchos adelantos industriales que haya, se sigue obteniendo a partir de agua. ¿De dónde la sacaban? Sabemos que por la calle Mayor iban tuberías del venero de la Palma (Pedroches) pero las escuetas pajas de aguas que se concedían a los partícipes no daban para ningún proyecto de este tipo. Nuevamente nos dan la respuesta: "por la misma solería del sótano circulaba en una especie de canal una corriente o arroyo de agua, continuamente. Siempre había agua, incluso en épocas de sequía cuando escaseaba el agua en otros sitios. Por eso, en la azotea que se construyó encima se puso un brocal de pozo, para que los vecinos pudiesen seguir sacando agua de ahí".

Surge entonces la curiosidad ¿qué venero tan importante es éste que ni López Amo cita?¿tiene que ver con el pozo que aprovecha (o aprovechaba) el Colegio Salesiano y cuyo acceso se localiza entre las bancas de su teatro (hoy Teatro Avanti)? Como hemos dicho, en los Paseos no se habla de la "Nevería", pero sí de una gran fábrica de curtidos por la que corría un caño que formaba una gran hondonada a la mediación de la calle Mayor. Y el citado Informe Arqueológico también habla de que durante las excavaciones se identificó... un antiguo arroyo colmatado de grava en época bajomedieval (parece que no hay en Córdoba excavación arqueológica que se precie sin su antiguo cauce correspondiente). ¿Está todo relacionado? ¿hubo antes de la "Nevería" una fábrica de curtidos en el mismo sitio? Son preguntas para que responda quien realmente pueda saber de esto.


Imagen 4. Vista cenital de la excavación arqueológica (2005). Lámina del informe de excavación. Convenio GMU-UCO.


Para terminar algunas cosas más, y no alargar ya más de la cuenta la entrada. José Cejas Jiménez fue el casero que, hasta su fallecimiento, tuvo las llaves para acceder al sótano. "Don José" es el nombre que los vecinos recuerdan como el del último dueño de la casa, y su yerno, casado con su única hija, fue Ernesto García Cornejero, que llegó a ser Director del Instituto Góngora... En fin, muchas historias para un solar en el que el Ayuntamiento tiene previsto construir viviendas de protección oficial y aparcamientos, y que quizás dentro de pocos años sea un solar anónimo más que pierda definitivamente la memoria de lo que fue: el asiento de una iniciativa empresarial novedosa en España en la que Córdoba fue pionera.


(Esta entrada se publica simultáneamente en los blogs cordobeses Puente Mayor y Luchemos por Córdoba, que de forma conjunta, la han elaborado).

viernes, 9 de abril de 2010

Las fuentes de Córdoba

Cambiando de tercio respecto al tono crítico de otras entradas, en ésta quisiera destacar algo que tenemos en Córdoba y que quizá pase algo desapercibido, pero que en cuanto uno sale fuera de nuestra ciudad lo echa rápidamente en falta: la presencia de fuentes públicas donde poder saciar la sed...

En efecto, en las últimas décadas, sin importar quién estuviese en la Alcaldía, todos han seguido la fructífera política de, en la medida de lo posible, tratar de dotar de fuentes a todos los barrios de la ciudad. Fuentes que son especialmente gratas cuando uno transita en verano con más de 40 grados por unas calles donde, por desgracia, ni la arboleda (?) ni el pavimento suelen acompañar. Y esta aparición de una fuente salvadora, que podríamos creer que es algo común y casi obligado (para eso se pagan impuestos, alegará alguno), no es así en la mayor parte de los lugares que he visitado.

Recuerdo especialmente un viaje a la bellísima ciudad de Toledo, en la que cuando el sol cae a plomo en medio de esos páramos desolados, da con fuerza. Pues bien, subiendo sus empinadas calles aprendimos en nuestras carnes los fundamentos básicos de la teoría económica. No había fuentes por ningún lado. Las botellas de agua valían un determinado precio en las tiendas cerca de la Puerta Bisagra, antesala de la larga subida a la ciudad. Conforme subíamos y el calor apretaba, los puestos vendían el agua algo más cara. Arriba del todo, ya asfixiados, la botella que tuvimos que comprar ya costaba el doble. Había aumentado la demanda, y por tanto subía el precio: pura lógica económica.

Y esto igual, que me acuerde, en Salamanca, en Segovia, en Ávila, en Cáceres, en Badajoz... Ojo, que no digo que no haya ninguna fuente en esas ciudades, pero que si las hay debe uno buscarlas expresamente o encontrárselas por casualidad, porque no hay el mismo número que en Córdoba, ni se distribuyen por todas las zonas. Ni siquiera en Sevilla tienen la proporción de fuentes que hay aquí, teniendo en cuenta el tamaño de esa ciudad. Lo mismo pasa saliendo al extranjero, como en París, donde andando todo el día sólo pudimos dar con una fuente perdida, muy baja e incómoda, y que parecía de esas que hay en los mercados para lavar los productos. Sólo en Roma encontramos una proporción de fuentes similar a la de Córdoba, pero la mayoría de ellas muy viejas y con un aspecto sospechoso de abandono, y funcionando como funciona Italia, por supuesto sin ninguna indicación de si aquello era o no potable.

En fin, que las fuentes es algo de lo que debemos estar razonablemente satisfechos en Córdoba, y que la acertada política municipal al respecto merece ser destacada. Sólo quisiera apuntar algo que se podría hacer, pero que ya sería, como se dice, para sacar nota. Y sería aprovechar el agua de los veneros que se desperdician en la ciudad (no hablo ya de los de la sierra).


Imagen. Fuente en la confluencia de la calle Osario con Ronda de los Tejares.


Pues bien, y como ejemplo, el acueducto cuyos restos pueden verse en el sótano de la Estación de Autobuses seguía llevando agua cuando lo desenterraron, terminado su recorrido en los estanques de la calle Cairuán. Así que pusieron los restos de la conducción en valor (de manera ejemplar) y desviaron el agua por una tubería que salva la Estación por un lateral. El problema surgió cuando después se encontraron con que la tubería debía salvar la obra del soterramiento de otra Estación, en este caso la de trenes. Por la profundidad a la que quedó esta obra con las vías soterradas los técnicos de la empresa de aguas se vieron obligados a realizar un sifón para que la tubería pudiese cruzar todo el complejo ferroviario, pasando de la Avenida Vía Augusta a la de América.

Pero bien sea porque el sifón lo hicieron defectuoso, porque las aguas del venero (como todos) llevan mucha cal y la conducción se atora, o bien porque los de operarios de la Estación aprovechan el agua (lo cual me han comentado, pero no he podido confirmar) el caso es que a la Avenida de América ya sólo llega un hilillo de toda el agua, y se decidió que lo mejor era conectarla en esta Avenida al colector de alcantarillado (no llega ya, por tanto, a los estanques de la calle Cairuán como se indica aún en algunos sitios de la Red).

Así que una idea sería aprovechar esta agua y a la altura de la Vía Augusta (vaya nombrecito con tronío) surtir con la misma una fuente ornamental donde se indicase su larga historia ininterrumpida, romana, visigoda, musulmana y cristiana. Pocas ciudades pueden aportar algo similar. Pero esto, insisto, sería ya para nota.