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domingo, 13 de mayo de 2012

¿Es el Caño de Venceguerra?

Decíamos ayer...

A mi cuenta de correo suelen llegar anuncios de los magníficos eventos culturales organizados por la Fundación Bodegas Campos en su Ermita de la Candelaria, y a los que por desgracia no puedo sacar tiempo para asistir.  Uno de los recibidos a primeros de este mismo mes de Mayo tiene como imagen de fondo una bucólica pintura de Rafael Romero Barros de 1884, en la que se ve una barca de animados cordobeses de jarana cruzando el Guadalquivir. El dibujo me parece precioso, por eso le eché un rato más largo de los habitual admirándolo. Y casualidad o no, eso me hizo fijarme en un trozo del mismo que no se aprecia nítidamente (lástima de no contar con el original).



Imagen 1: Dibujo de Romero Barros (1884). En un círculo el detalle en cuestión.

Más o menos a la mitad: ¿es un dibujo del Caño de Venceguerra? Sé que el incansable Paco Muñoz estuvo indagando en antiguos dibujos de la zona, como el de Wyngaerde, pero no sé si existe realmente alguno que pintase claramente el famoso caño (creo más difícil que haya fotos), en cualquiera de sus diferentes épocas. Y quizás éste es un recuerdo gráfico del mismo... o lo mismo esta pintura de Romero Barros no es nada, sino sólo reflejo de mis ganas de dar con alguno.


Imagen 2: Ampliación del detalle.

sábado, 22 de enero de 2011

Topónimos cordobeses (II): "La Matriz"

Hará cosa de un año, en la primera entrada de este blog hacía referencia a una serie de topónimos que perduran aún entre los cordobeses aunque la "oficialidad" los haya postergado del callejero. En esta entrada, sin embargo, se trata de un caso diferente, el de un topónimo de uso muy frecuente entre la población de hace poco más de un siglo, y que hoy día prácticamente ha desaparecido: la "Matriz".

Con este nombre se denominaba a una hacienda o finca que es citada de manera reiterada a lo largo de documentos del siglo XIX, de los que pueden señalarse fácilmente tres ejemplos. Así, aparece en Paseos por Córdoba, cuando en el recorrido por el barrio de San Andrés se habla de los estragos que las epidemias causaban entre los vecinos de la calle Almonas. y se señalan ubicaciones extramuros donde se establecieron cementerios provisionales para enterrar a las víctimas: "[...] y entonces se señalaron para cementerios en despoblado el huerto de la ermita de San Sebastián, la huerta de San Cayetano y un pedazo de terreno en el haza que hay detrás de la huerta de la Reina, cerca del camino que atraviesa hacia la Matriz y sitio conocido por el haza de Alonso Díaz".

Igualmente en las Ordenanzas de 1884, dentro de la enumeración de los caminos vecinales, se describe el número 35: "El que partiendo de la carretera provincial de Córdoba a Villaviciosa en el punto llamado fuente de la Huerta de la Reina, se dirige por la Matriz y atravesando el arroyo del Moro continúa a la carretera de Córdoba a Trassierra".

Finalmente, también aparece el topónimo "la Matriz" en el libro de las Aguas de Córdoba, en el que López Amo, al describir el venero de la Fábrica Catedral, comienza desde sus dos nacimientos principales en la Albaida y el Tablero, y luego va señalando diferentes veneros que se le van incorporando a la conducción de aguas:  "[...] y en la vuelta que da el camino inmediato a la huerta del Recuero [o del "Reguero"], se introduce otro que viene de la hacienda de la Matriz". 

Junto con estos ejemplos textuales, en el plano de 1896 del Instituto Geográfico Nacional (Imagen 1) puede verse localizada la casa principal de la finca, al norte de la Huerta de la Reina y en las inmediaciones del arroyo del Moro. Se ubica justo al noroeste de donde se cruzaban el camino que venía desde el Norte paralelo al cauce de este arroyo (más o menos la actual calle Poeta Emilio Prados) y el citado camino vecinal 35, que venía desde el Este por lo que hoy es la calle Fuente de los Picadores. Es curioso señalar que aunque la fecha de publicación del mapa es de 1896, los datos con los que se elaboró son sin duda anteriores a esta fecha, puesto que aún recoge el trazado original del arroyo que cruzaba por las Margaritas, pero que en 1892 fue desviado precisamente en este sitio hacia un nuevo cauce situado más hacia el oeste, dirigiéndolo hacia la actual avenida que lleva su nombre.
 
 
Imagen 1. Mapa del término de Córdoba. Instituto Geográfico Nacional (1896). En rojo casa de la Matriz, en azul cauce antiguo del Moro, y señalado en negro el camino vecinal 35 según las Ordenanzas de 1884.
 
¿De dónde pudo venir el origen de este topónimo? Por lo pronto, el término "matriz" lo primero que nos suena es a "algo" principal del que dependen otras entidades más pequeñas (la "casa matriz"), o a un molde, o si se es muy de matemáticas a un conjunto de números dispuestos en filas y columnas. En principio no parece que ninguno de estas acepciones pudiera tener mucho que ver. Y del término "matriz" tal cual, según el resto de significados que le otorga la Real Academia Española (RAE) hay poco más de donde "rascar". Pero quizás pueda dar cierta pista un término que también deriva de la matrix latina, y con el que di de casualidad puesto que ya apenas se usa: "almatriche", que según la RAE significa "reguera" o "canal de riego", y que proviene del mozárabe y árabe hispano almatríǧ o almatríč, acequia madre, que proviene a su vez del citado término latino matrix, -īcis, fuente, origen.
 
¿Tiene que ver esto con el topónimo del que hablamos? No deja de ser una hipótesis aventurada (y sin ningún rigor metodológico), pero lo que es indiscutible es que precisamente por toda esa zona no falta el elemento agua en sí o alguna infraestructura relacionada que justificaría de sobra el que diese ese nombre a una finca o hacienda. Ya se ha citado el venero que nacía allí señalado por López Amo. Pero también hay que recordar que el Aqua Vetus recorría esa zona, en la que además han ido apareciendo más conducciones que parecen ser aportes o ramales de dicho acueducto principal (las más "afortunadas", "puestas en valor", es decir, arrasadas casi en su totalidad y con cuatro restos sueltos de compromiso enterrados en sótanos). Y otras conducciones históricas de abastecimiento, como las Aguas de la Huerta de la Reina o las del Alcázar también transitaban por las inmediaciones, algo más al Este. Por no hablar de la presencia de antiguas conducciones o infraestructuras específicamente destinadas al riego, frecuentes por la cercana zona del Tablero. En suma, una compleja y variada red de canales, atarjeas, bóvedas y similares para el transporte de agua.
 
Dejando de lado el tema de las conducciones, dos testimonios orales, completamente independientes entre sí, pueden aportar otra alternativa. Un antiguo compañero, albañil de profesión, me comentó que estuvo trabajando en la construcción del Pryca Sierra (donde por cierto aparecieron restos del Aqua Vetus), y que cuando comenzaron a construir los aparcamientos subterráneos "allí no paraba de salir agua; las bombas tenían que funcionar día y noche; era un trabajo dificilísimo construir, parar, y sacar agua una y otra vez". El segundo relato fue obtenido de casualidad, cuando en uno de mis añorados paseos con los amigos Ángel y Vicente, en este caso por la Huerta de Hierro, entablamos una animada charla sobre veneros y similares con un hombre que andurreaba por allí con los olivos de la finca y que nos dijo "Pues debajo del Pryca Sierra [es que no decimos "Carrefour" ni con calzador] hay un brazo de mar".  Evidente exageración, pero que va en la línea del primer relato.
 
Así que sea por algún venerillo, por alguna construcción  hidráulica relacionada, porque allí hay una acumulación del agua que baja desde la sierra (¿un lago?), por una combinación de los mismos, o por otro motivo completamente diferente, el caso es que allí estaba el topónimo de la "Matriz", tan usual para los cordobeses del siglo XIX, y hoy desgraciadamente en el olvido.


sábado, 31 de julio de 2010

El arroyo de Ciudad Jardín

Rastreando por la Red, he dado por fin con un mapa antiguo que llevaba tiempo buscando (imagen 1). Me acordaba haberlo visto en una magnífica entrada de la antigua página de la Calleja de las Flores, pero con la (falsa) confianza de que lo que está en Internet sigue ahí para cuando uno lo necesite, no llegué a guardarlo. El caso es que en un documento sobre el urbanismo de la Córdoba Omeya de Antonio Arjona, Director del Instituto de Estudios Califales de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba, he vuelto a dar con él... y esta vez no se me ha escapado.

Imagen 1. Mapa de Santos Gener. 

El mapa en cuestión muestra los resultados de las excavaciones que el gran arqueólogo Samuel de los Santos Gener (o Jener) realizó en terrenos del antiguo Cortijo de Chinales, situados en el entonces incipiente barrio de Ciudad Jardín y no en el Polígono Industrial que hoy lleva este mismo nombre. Como resultado más importante de dichas excavaciones, que seguramente fue el motivo de la elaboración del propio mapa, se señala en el mismo la localización de unos restos que el insigne arqueólogo asociaba con la iglesia de San Acisclo, aquella construcción extramuros donde en el 711 un puñado de cristianos trató en vano de resistir a las huestes musulmanas que se habían apoderado de la ciudad de Córdoba. 

Aparte de esto, en el mapa aparece reflejado como dato significativo un "cauce del arroyo del moro" (imagen 2) parece ser que abandonado (ya que no se dibuja ninguna continuidad del mismo), y que posiblemente reforzara a Santos Gener en su hipótesis de que esos restos correspondían a San Acisclo, puesto que los cristianos sitiados en dicha iglesia pudieron ofrecer cierta resistencia precisamente porque bajo la misma discurría una conducción o arroyo subterráneo que los proveía de agua.

Sin embargo, en este punto conviene señalar que antes de 1892 el arroyo "del moro" seguía su lecho histórico (claramente visible en los planos de Córdoba del XIX), que bajaba desde la sierra por los Jardines de la Agricultura, buscaba desde ahí el lienzo occidental de la muralla y se incorporaba finalmente al foso de la misma a la altura de la Puerta de Almodóvar. Fue en ese año de 1892 cuando, a la altura más o menos de lo que hoy es la Glorieta de Santa Beatriz (la fuente del Pryca-Sierra, para entendernos), se desvió el arroyo prácticamente 90º para llevarlo a un nuevo cauce, que ya en el plano topográfico nacional de 1928 sigue su último trazado conocido a cielo abierto por lo que hoy son las Avenidas del Arroyo del Moro y Gran Vía Parque, algo más al oeste de lo que representa el mapa. En resumen, que de pertenecer al arroyo "del moro" el cauce señalado en el mapa de Santos Gener, dicho cauce debería haber sido creado tras 1892 y abandonado, como muy tarde, antes de 1928, lo cual parece, en principio, bastante improbable.

 
Imagen 2. Detalle del mapa de Santos Gener.

Entonces, ¿a qué arroyo puede pertenecer el cauce que excavó Santos Gener? Como siempre, es difícil aseverar algo con firmeza en aspectos de arroyos y similares, porque pocas cosas varían más a lo largo del tiempo, fundamentalmente por la mano del hombre. Pero en el caso que nos ocupa se da el hecho de que, por esa misma zona de Ciudad Jardín, discurre aún hoy otro "arroyo", éste sí perfectamente identificado.

El "arroyo" en cuestión lo pongo así, con "comillas", puesto que no es un "arroyo" como tal, sino más bien una conducción de aguas que históricamente se conoció por Aguas de la Huerta del Rey y hoy lo es por el nombre, más "ferroviario", de Venero de Esquina Paradas. Según las fuentes históricas, estas aguas vienen desde la Albaida, pero se desconoce casi por completo su traza inicial, siendo su primer punto de captación "fichado" un pozo (en realidad un complejo de pozos y bombas) que se encuentra a pocos metros al norte de la Glorieta de Ibn Zaydun, en dirección al nuevo barrio de Noreña. A este pozo le llega a considerable profundidad una atarjea antigua, que trae el agua desde la Albaida, la cual es bombeada para ser conducida en una tubería que, siguiendo Gran Vía Parque abajo, enfila la Puerta de Sevilla, llega al Alcázar, donde abastece a los estanques de los peces, y desde aquí otra tubería "sube" hacia la Puerta de Almodóvar, para dar agua a las albercas de la Calle Cairuán.

El agua sobrante que no es bombeada en este pozo de  Noreña (y que puede ser considerable en años lluviosos) prosigue impertérrita en la atarjea por su ruta "de toda la vida", que desde Ibn Zaydun sigue una traza jalonada por pozos de registro en las calles Felipe II, Marruecos, Camino de los Sastres, República Argentina, Paseo de la Victoria y Puerta de Almodóvar (imagen 3), donde históricamente existía un pilar de estas aguas para aprovechamiento público. Actualmente ya no llega el agua hasta aquí, porque en la calle Marruecos hay una especie de desagüe para incorporarla al alcantarillado. Precisamente, en esta misma calle, el pozo de registro de la atarjea apenas tiene profundidad (reconozco que, como al amigo Paco Muñoz, le tengo mucho respeto a los pozos) y pude realizar una foto al interior de la misma, que la verdad sea dicha, en este punto tiene más aspecto de arroyo subterráneo que de otra cosa (imagen 4).

Imagen 3. Pozos del venero de Esquina Paradas en el entorno de la calle Marruecos (datos de Ángel Martos).

Imagen 4. Foto del interior de la atarjea del venero de Esquina Paradas en el pozo de la calle Marruecos.

En fin, ¿serán el mismo cauce el excavado por Santos Gener y el Esquina Paradas o Huerta del Rey? Si el plano de Santos Gener fuese más preciso o tuviese escala...

domingo, 4 de julio de 2010

Acerca de la Fuensantilla (III)


Nota preliminar: Esta entrada, que sobrepasa en extensión lo inicialmente previsto, hubiese sido imposible sin la colaboración de dos lectores habituales del blog que se pusieron en contacto para aportar desinteresadamente sus conocimientos: Alberto EM de gran ayuda con los mapas, y Manuel Estévez, que con sus conocimientos y pesquisas sobre la Fuensantilla me ha aportado gran parte de la información que aquí se expone.


Una pista que despista…

Fue Paco Muñoz, como casi siempre, el primero que disparó con bala. En efecto, justo donde acababa el Hospital Militar, donde están hoy las casas de los militares, hasta los años 60 se encontraba en la parte baja del terraplén existente una alcubilla de la que salía agua de un venero, aprovechada por los humildes vecinos del lugar, y cuyo desagüe era la propia cuneta de la Carretera de Almadén.

Podría parecer que la alcubilla fuese la de la Fuensantilla, pero comprobando su situación no hay duda de que dicho venero debe corresponderse más bien al que López Amo cita de pasada como Mina Esperanza: “Estas aguas pertenecientes a D. José Moñino y Barrera, de esta vecindad nacen a 220 metros de la Fuensanta vieja extramuros de esta población en el talud de la izquierda de la carretera de esta Ciudad a el Almadén. En el año de 1869 después de bastantes meses de trabajos y excavaciones se descubrió una atargea de construcción árabe en la cuesta del citado arrecife". Y para situar definitivamente la Mina y la alcubilla he aquí un antiguo plano minero de 1872 disponible en el Instituto de Cartografía de Andalucía (imagen 1).




Imagen 1. Plano de la Mina Esperanza (1872) En el recuadro azul se resalta la alcubilla. Fuente: Instituto de Cartografía de Andalucía.


De la información de López Amo nuevamente sale por medio una atarjea, pero en cuanto al posible origen de las aguas no hay ninguna información más. Afortunadamente sí queda la memoria de antiguos vecinos y visitantes habituales del barrio de “Villa Amparo”, como el “Candi”, que comentan que el agua de esta alcubilla venía de “más arriba”, lo que coincide con un dato que apunta Manuel Estévez de cuando éste realizó el servicio militar en el ya desaparecido Cuartel de Automovilismo: “que el cuartel prácticamente se asentaba sobre un gran lago, de tal magnitud que su agua, presente a muy escasa profundidad, era aprovechada por RENFE para sus locomotoras de vapor” (un inciso, ¿han tenido en cuenta esto los constructores cuando se han hecho los nuevos pisos allí, o se han hecho los locos desviando al agua para quien le toque?)

Posiblemente en esta zona se encuentre el origen común de las aguas que iban tanto hacia Mina Esperanza como hacia la Fuensantilla, que no serían sino ramificaciones de un mismo manto de agua, al cual quizás se le pueda seguir la pista aún más arriba, recordando que el eje Fuente de la Salud, Barrio del Naranjo, hasta llegar al Castillo del Maimón, es un continuo aflorar de veneros (por cierto, uno de ellos, a la espalda de la antigua Fábrica de Baldomero Moreno, proporcionaba hasta hace poco el agua con la que se fabricaba la mahonesa MUSA).

El Huerto de Cobos…

López Amo indica que el Huerto de Cobos o Cobo, a primeros del XVII, se regaba con el remanente de una fuente intramuros llamada del Cañuelo, a la cual iba un tercio del agua de la Fuensantilla. Este Huerto se corresponde con el área tras las murallas situada entre el Marrubial y las Ollerías, solapándose el topónimo con el más conocido de "Jardín de los Poetas".

Lo curioso es que, aunque ya no está la Fuensantilla, al Huerto le sigue llegando “su” parte del agua, esta vez en forma de corrientes subterráneas. Nada raro si tenemos en cuenta que una calle cercana lleva desde siempre el nombre de “Pozo dos Bocas”. Así, a mediados del XX, cuando la antigua Fuensantilla era ya sólo recuerdo, la Casa Carbonell cogía agua de aquí para emplearla en su fábrica de aceites de las Ollerías. También la RENFE, por lo que se ve muy necesitada, llegó a hacer uso de esta agua para sus locomotoras. Hoy, es el "Jardín de los Poetas" el que puede regarse gracias a un pozo existente desde el que se bombea el agua necesaria. Y del agua sobrante me comentan que sigue su curso y puede oírse si uno agudiza el oído en la cercana calle San Juan de Palomares. Quizás sea ésta la corriente que aguas abajo se manifestaba en forma de caño o arroyo en el solar de la “Nevería” de la calle Mayor. Por último, aún hay otro dato más: cuando se hicieron las casitas adosadas que dan a los citados jardines (inaugurados en 1992) los constructores, en una muestra de honradez, renunciaron a realizar las proyectadas cocheras subterráneas porque les afloraba agua a muy baja profundidad.

El fin de la Fuensantilla…

Va llegando a su fin esta entrada y con ella el tema de la Fuensantilla… El terreno donde se ubicaba es ofrecido en 1897 por el Ayuntamiento a los militares para construir en él un Hospital Militar. Es la época de las insurrecciones de Cuba y Filipinas, a sólo un año del desastre del año siguiente, y los regidores municipales participaban de la vena patriótica del momento.

Hay que esperar a 1902 para que comiencen las obras del Hospital… que no acaban hasta ¡1928! (nada nuevo bajo el sol en Córdoba). Situada dentro del solar a edificar (imagen 2), los militares alegaron al Ayuntamiento que la Fuensantilla “les molestaba”, y fue alevosamente derruida. Así, en 1905, el Ingeniero Agrónomo Luis Cid, contratado por el Ayuntamiento para que elaborase un completo informe de sus veneros (incluso de algunos que iban secos) ya no incluye en el mismo a la Fuensantilla.


Imagen 2. Montaje del plano de 1884 con la Fuensantilla sobre la ortofoto de la zona en la actualidad.

Con posterioridad a su desaparición, un tal Patricio Hidalgo, propietario del nombrado Huerto de Cobos, solicitó al Ayuntamiento (en lo que se trasluce cierta indignación) la apertura de una puerta en la muralla y un punto de agua para que pudiese abrevar su ganado. La puerta se abrió donde hoy se encuentra otra de moderna factura que da acceso a los jardines y a la calle Fernando de Lara. Además, justo al lado de esta puerta fue construida una nueva fuente (imagen 3), cuyos restos son aún claramente visibles en la muralla (imágenes 4 y 5). Para muchos vecinos de la zona, esta nueva fuente heredó el apelativo “de la Fuensantilla”, “título” por el que también competía otra fuente del otro lado de la Ronda del Marrubial, construida algo más tarde a la altura de la calle San Acisclo, concretamente a la vuelta del bar “El Pelotazo” y enfrente de la alcubilla de la Mina Esperanza.

Pero ambas fuentes, abastecidas por el agua más prosaica del servicio municipal, eran ya sólo simples epígonos de una histórica alcubilla y su pilar, quizás de ilustre pasado romano, con la tradición de unos mártires, donde confluían innumerables corrientes de agua de origen desconocido y, sobre todo, que formaban parte de la memoria del pueblo cordobés, que nuestro Ayuntamiento ha tenido la feliz iniciativa de reconocer rotulando una nueva glorieta con su nombre.


Imagen 3. Fotografía de la Ronda del Marrubial (años 50). En azul se resalta la fuente. Fuente: Archivo Municipal.



Imagen 4. Restos de la acometida de la fuente que sustituyó a la Fuensantilla desde el interior de la muralla. Foto cortesía de Manuel Estévez.



Imagen 5. Restos de la fuente que sustituyó a la Fuensantilla desde el exterior de la muralla. Foto cortesía de Manuel Estévez.


domingo, 20 de junio de 2010

Acerca de la Fuensantilla (II)

Una cuestión que se plantea tras la entrada anterior es tratar de conocer de qué aguas se abastecía en sus últimos tiempos la Fuensantilla ya que, en el caso de que fuera una derivación del Aqua Nova (lo cual, insisto, aún no está demostrado… y esperemos que pueda aún demostrarse en un sentido u otro), el texto del Padre Ruano en el que se basa esta hipótesis de Ángel Ventura parece dar a entender que ya en el siglo XVIII el acueducto romano se encontraba en ruinas, y la Fuensantilla como tal estuvo en funcionamiento por lo menos hasta finales del XIX.

Ciertamente, tratar de descifrar esta cuestión es prácticamente imposible, por cuanto ya López Amo en su obra de "Las Aguas de Córdoba" (1876) dice del “Agua de la Fuensantilla”: “Esta agua es la que se halla en la alcubilla de la Fuensanta vieja, la que viene por una gran atargea que desde el indicado depósito va por el callejón que está a la espalda, siguiendo como unas doce varas entrando desde este punto por bajo de la cerca del huerto o corredor que se encuentra a la izquierda de la citada alcubilla, siguiendo por él con algunas lumbreras que más de una vez han descubierto los arados, ignorándose después su curso y nacimiento. En esta alcubilla se depositan las relacionadas aguas [....]. De la alcubilla salía finalmente una cañería hasta un pilar (una fuente sin ningún adorno), del cual los cordobeses podían coger el agua. Fuera del pilar y la alcubilla, no se sabía ya prácticamente nada más…

Si la “gran” atarjea inmediata a la alcubilla, como se desprende de la hipótesis de Ángel Ventura, era parte, o al menos una derivación, del acueducto romano, es evidente que, como muy tarde en el siglo XVIII, ya no cumplía su función original, que era transportar un caudal de agua procedente de veneros del entorno del arroyo de Pedroches. Sin embargo, abandonado el acueducto, la atarjea podría estar funcionando como un conducto de drenaje, interceptando y recogiendo corrientes subterráneas cercanas. Incluso, podría estar drenando el mismo nivel freático. Y aquí, conviene recordar que el mismo López Amo, además del “Agua de la Fuensantilla”, cita como un caso aparte el “Agua de la Piedra Escrita”, “procedente de los sudaderos de un terreno inmediato a la Fuensanta vieja”. Es decir, el freático estaba tan alto en el entorno de la Fuensantilla que llegaba a rezumar agua del suelo por algunos sitios.

Hasta aquí lo que puede ser fácilmente consultado. ¿Se puede sacar algo más? Pues algo sí; por lo pronto que en el entorno de la Fuensantilla, a día de hoy, el freático sigue estando alto. Y que, aparte de un nivel de aguas elevado, también circulan diversas venas o corrientes de agua subterráneas en la parte más oriental de ese cerro que podríamos delimitar entre Ollerías, Alonso el Sabio y Almogávares.

En primer lugar, contamos con información de primera mano del técnico de EMACSA que dirigió las últimas obras de alcantarillado en las calles que llevan por nombre Bailén y Navas de Tolosa. Éste me comentó (hará cinco años) que durante las referidas obras se les apareció un manto de agua a una muy escasa profundidad. Pero es que, además, según dicho técnico no habían dado con una capa más o menos irregular de agua, sino que el freático adquiría claramente la forma de un arroyo subterráneo: “era una corriente de agua clara que circulaba en un lecho perfectamente delimitado sobre guijarros” (imagen 1).

Igualmente, durante la construcción de algunos bloques de pisos de las Ollerías y de la calle “San Juan de la Cruz” los constructores se toparon también con el agua del freático al hacer los cimientos de los edificios, siendo especialmente destacado en este sentido el bloque situado justo en la esquina de Los Almogávares, donde se encuentra “Muebles Sánchez”. Más recientemente, esta circunstancia se ha vuelto a reproducir (ahora incluso con mayor intensidad) en la nueva calle que es prolongación de “San Juan de la Cruz”, y que lleva el nombre de “Héroes de Chernobil”. Sus flamantes edificios también tienen problemas en sus cocheras con un nivel freático muy alto; pero es que, nuevamente, bajo algunos de ellos lo que circula es otra corriente subterránea (imagen 2).



Imagen 1: Veneros (flechas azules) y afloramientos del nivel freático (círculos) en las inmediaciones de la Fuensantilla.

Imagen 2: calle Héroes de Chernobil. Por los edificios de la izquierda transita un venero.

Finalmente, un hecho curioso. El citado técnico de EMACSA no tenía dudas de hacia donde se dirigía “su” arroyo: hacia la Puerta del Colodro: “es el Gualcolodro, estoy seguro”. Con ello, de un plumazo se unen dos lugares asociados en la tradición popular con San Acisclo y Santa Victoria: la casa donde supuestamente vivieron acogidos por una humilde mujer llamada Minciana, que hoy es una ermita dedicada a ambos (imagen 3), y la esquiva fuente, al final de la muralla, a donde iban a por agua. ¿Simple coincidencia?



Imagen 3. Ermita de los Mártires, junto a la Puerta del Colodro.

lunes, 7 de junio de 2010

Acerca de la Fuensantilla (I)

Con la última y acertada remodelación del entorno del antiguo Hospital Militar, se ha creado en la intersección de la Avenida de los Almogávares con las Ollerías una nueva glorieta, a la cual nuestro Ayuntamiento ha puesto por nombre, con buen criterio, “Glorieta de la Fuensantilla” (imagen 1), topónimo este último que gran parte de los cordobeses conservábamos para esa zona aun cuando estaba fuera del callejero oficial (¿sería ya mucho pedir que el tramo de la glorieta de los Almogávares que se encuentra más arriba llevase el nombre de “Santos Pintados” para rematar la faena?).


Imagen 1. Glorieta de la Fuensatilla, de reciente construcción.

El caso es que este nombre de “Fuensantilla” o “Fuensanta Vieja” hunde sus raíces en una histórica estructura de abastecimiento de agua potable que aparece en todos los planos de Córdoba del XIX aunque, posiblemente por encontrarse extramuros, dibujada generalmente de forma poco precisa (imágenes 2, 3 y 4).



Imagen 2. La Fuensantilla. Plano de 1811.

Imagen 3. La Fuensantilla. Plano de 1851.

Imagen 4. La Fuensantilla. Plano de 1884.

Dentro de los escasos datos sobre la misma, Ángel Ventura, en su libro sobre el Abastecimiento de Agua a la Córdoba Romana, y en particular cuando trata el acueducto Aqua Nova, aporta una hipótesis de calado sobre su origen: que fuese una toma o derivación de aguas de este acueducto romano, cuyos últimos restos conservados se localizaron en una excavación arqueológica de 1992 en la Barriada de Fátima, cerca de la antigua cárcel. Ventura propone a partir de ahí un recorrido en alto que iría más o menos por parte de la Barriada de Levante, siguiendo por el norte de las Ollerías, hasta llegar al Campo de la Merced, donde se encontraría su depósito final antes de distribuirse intramuros.

Se apoya para ello en la cita que de este acueducto hace el Padre Ruano en su Historia General de Córdoba del siglo XVIII, siglo en el que parte de su trazado estaba aún visible (otra cosa es si estaba en uso). En dicha referencia se indica que tras llegar el acueducto a un gran alberca o depósito situado más o menos por terrenos de lo que hoy es la populosa Barriada de Fátima (en concreto por la hacienda de Miraflores), pasaba a ser canalizado por lo alto de un muro o arcada (para salvar la vaguada del arroyo de las Piedras, como apunta Ventura, y anteriormente la del arroyo Hormiguita o Camello). Esta obra en alto contrastaba por su altura (casi 5 metros), tras un recorrido del acueducto mayoritariamente bajo tierra o a ras del suelo desde sus captaciones de diferentes veneros en el entorno del arroyo Pedroches. Los blogueros Paco Muñoz y Alberto EM de 8picos han ilustrado fotográficamente algunos de estos restos junto al arroyo, desafiantes al tiempo pese al olvido de todos...

Ángel Ventura reafirma esta interesante hipótesis con dos datos más. Primero, el que en el ámbito del pueblo cordobés se hablaba de que la Fuensantilla ya existía en época romana, puesto que la tradición sostenía que allí iban a por agua San Acisclo y Santa Victoria (de ahí lo de Fuente Santa, luego con el apelativo de “Vieja” cuando surgió la actual que le quitó ya el protagonismo). Segundo, que poco más arriba de la actual calle Virgen de Linares ha existido hasta el siglo XX un cortijo con el sugestivo nombre de “Murillo” (imagen 5) que podría evocar la obra de sostén citada, aunque de ir ésta por la alta ladera que hay en esa zona debería ir ya soterrada. Desde aquí la Fuensantilla no sería sino una mera acometida desde la conducción principal que seguiría su curso adelante, siempre buscando el Campo de la Merced.

Imagen 5. Cortijo del Murillo. Plano de 1927 (se observa ya el solar del Hospital Militar).

En este punto quizá sea interesante apuntar una intuición propia, y es el hecho de que la calle Virgen de Linares, prolongada en una forma particular de “L” por la actual San Juan de la Cruz, constituía el llamado “Camino Viejo” desde la zona norte de la ciudad hasta el arroyo de Pedroches y el Muriano, ya que la Carretera de Almadén es una infraestructura posterior. Ello podría ser de interés porque, en muchas ocasiones, acueductos y antiguos caminos compartían un mismo trazado (como pasa por ejemplo con el Carril de los Toros y el Acueducto de Valdepuentes o Aqua Vetus) puesto que aquellos se intentaba en lo posible dirigirlos por vías públicas y evitar así servidumbres privadas.

Esta es la interesante propuesta de Ángel Ventura sobre la Fuensantilla. Precisamente, el solar donde se ubicaba dicha “Cortijo del Murillo” se encuentra actualmente preparado para iniciar la construcción de pisos, los que en una intensa campaña publicitaria en la que se remarca su interesante precio se han anunciado como “Los famosos pisos del Vial” (imagen 6). Esperemos que las obras tengan un adecuado seguimiento arqueológico y se arroje luz en un sentido u otro sobre la que, hasta ahora, es sólo una genial hipótesis.

Imagen 6. Solar actual en construcción en la ubicación del Cortijo del Murillo.

En la siguiente entrada trataré de aportar algunos datos más sobre la Fuensantilla, lo que, adelanto ya, es todo un rompecabezas sobre el cual quedan aún muchas piezas por encajar.

viernes, 26 de marzo de 2010

El arroyo de san Lorenzo (II)

En una entrada anterior llegamos hasta un período, entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, en el que se desviaron dos pequeños arroyuelos serranos que anteriormente se incorporaban al arroyo de San Lorenzo en el comienzo de su recorrido por la Ajerquía. A partir de entonces, y aunque evidentemente menguados e irreconocibles como tales, se puede hablar de dos "arroyos", el que permaneció intramuros y el que resultó del desvío.

En cuanto al primero de ellos, el que todos conocemos como arroyo de San Lorenzo, siguió siendo una cloaca urbana a cielo abierto en las épocas de lluvias. Según se comenta en los Paseos, tras la obra de desvío citada se arreglaron y allanaron las calles de la ciudad por las que transitaba el arroyo, eliminando incluso unos álamos (árboles propios de las riveras) en la actual calle Enrique Redel. Tampoco es que lo terminasen de arreglar muy bien porque la actual calle de Isaac Peral siguió llamándose calle del Lodo por el barrizal que se formaba allí cuando llovía. El siguiente paso lógico hubiese sido aprovechar el momento y realizar un alcantarillado subterráneo acorde para evitar que las aguas de lluvia circulasen por medio de la calle. Pero como las cosas en Córdoba parece que tienen otros tiempos, este alcantarillado no se materializó hasta finales de los años 20 del siglo XX, cuando se construyó un ovoide subterráneo para paso de las aguas que aún hoy perdura (imagen 1). Por eso, mi propia abuela (que nació en 1907) comentaba de joven tener que cruzar la calle Arroyo de San Rafael por un pequeño puente cuando llovía más de la cuenta...



Imagen 1: Obras del alcantarillado en la calle Mayor de Santa Marina (1928). Fuente: Archivo Histórico Municipal


Del segundo "arroyo", resultante del desvío y unión de de los pequeños arroyos del Matadero y de la haza cercada, queda claro en los Paseos que se llevaron juntos a un nuevo cauce construido que pasaba por delante de las Ollerías y la Fuensantilla, llegando hasta el Marrubial para incorporarse finalmente al arroyo de las Piedras. Teodomiro le da este "nuevo" arroyo el nombre de arroyo de las Ollerías. No obstante el anterior papel de estos arroyuelos estaba aún fresco en la memoria de la ciudad, y así López Amo en su descripción del origen y curso de las aguas potables en 1876 le sigue dando a este cauce el nombre de "arroyo de San Lorenzo". Así, al referirse a la zona inmediata a la Fuensantilla, donde brotaban las aguas que dotaban de agua a la fuente de la Piedra Escrita comenta: "Esta [agua de la fuente de la Piedra Escrita] viene por atargea procedente de los sudaderos de un terreno inmediato a la Fuensanta vieja [Fuensantilla], la que sale por el callejón que sale a la alcubilla de la Fuensanta vieja, pasando por el lado derecho de ella, dando vuelta por delante de la cerca del huerto, entre este y el cauce del arroyo nombrado de San Lorenzo, hasta llegar frente a la reja del hospital de la Misericordia [en las calle Cárcamo]". En cualquier caso conviene hacer una precisión: aunque tuviese tal apelativo el "arroyo", llamado de las Ollerías (o de San Lorenzo bis), sería poco más que la simple cuneta del camino de la (entonces) Ronda Norte de la ciudad, puesto que no se identifica en ninguno de los planos de Córdoba del XIX.

Siguiendo con su trazado, desde la Fuensantilla el cauce debía buscar al arroyo de las Piedras cruzando el Marrubial. ¿Por dónde? No estoy seguro de ello, pero quizá el plano de Casañal de 1884 pueda servir de ayuda, aunque no refleje en ningún caso un cauce del tipo que estamos buscando. Quizás su insignificancia hiciese innecesario reflejarlo…

La primera opción que se plantea sería suponer que el cauce seguía recto por la actual Avenida Agrupación Córdoba hasta alcanzar el arroyo de las Piedras a la altura de la gasolinera de Chinales y el Zumbacón. El problema que parece tener esta alternativa es que, según se puede ver en el plano indicado, aparte del desvío excesivo hacia el norte que implica, mientras las Ollerías tiene una pendiente descendente hacia la Fuensantilla, desde aquí vuelve de nuevo a subir, lo que complicaría la ejecución de esta opción. La segunda alternativa sería hacerlo cruzar en diagonal atrochando por el Marrubial, y buscando directamente sin rodeos el arroyo de las Piedras. Y la tercera opción es que a partir de la Fuensantilla siguiese en su mayor parte la Ronda del Marrubial, aprovechando, como ocurría por las Ollerías, la propia cuneta del camino. Luego, en todo caso, debería buscar el arroyo de las Piedras.

De esta tercera alternativa, que parece ser la más cómoda de haberse ejecutado, quizá guarde alguna relación el siguiente mapa, contenido en el libro de "Cartografía y Fotografía de un siglo de urbanismo en Córdoba", de cuando se planificaba la construcción del cuartel de Alfonso XII y se delimitaban con la mayor precisión posible los terrenos a expropiar (imagen 2).




Imagen 2. Mapa de terrenos a expropiar para la construcción del cuartel del Marrubial. Fuente: "Cartografía y Fotografía de un siglo de urbanismo en Córdoba"

En este mapa se sitúan dos cursos de agua (resaltados en azul). Es tentador pensar, si aceptamos la tercera opción, que el situado más a la izquierda se correspondería con el arroyo de San Lorenzo-Ollerías, guiado por la cuneta de la Ronda, por entonces (hasta que se adoquinó en los años 20), poco más que un camino muy mal acondicionado (lo que en Córdoba y sus pueblos se ha llamado siempre la Re(d)onda). El cauce de la derecha sería el arroyo de las Piedras, después de haber recibido poco antes el aporte del Hormiguita (en justicia, el Camello como alega con fundamento el bloguero Puerta de Osario)

Además en la zona del cuartel en cuestión podemos encontrar otro dato que quizás nos apoye lo anterior, o quizás no tenga nada que ver y sólo sea una metedura de pata. Y es que al poco de comenzar la calle Sagunto, entrando desde la Ronda, en la parte baja de la cerca del cuartel se encuentra una especie de arco con ladrillos (imagen 3), casi enterrado por el nuevo acerado, que comunica con el jardín abandonado donde crecen silvestres unas frondosas moreras. Esta obra se localiza más o menos a la altura que se refleja con un círculo rojo en el mapa anterior, en el encuentro entre el curso de agua más occidental y los terrenos que se iban a expropiar del cuartel.




Imagen 3: ¿Obra de paso? al comienzo de la calle Sagunto.

¿Es este arco una especie de puentecillo u obra de paso para el arroyo de San Lorenzo?, ¿es una obra de paso para la cuneta de la Ronda sin relación alguna con el arroyo? ¿servía para otra cosa? Son dudas que no he podido resolver, aunque seguramente quede constancia en algún informe de obras del Ayuntamiento o de la Administración Militar que haga innecesario todas las elucubraciones y juegos malabares de esta entrada. En cualquier caso, toda la cerca del cuartel parece que tiene los días contados, por lo que de un día a otro desaparecerá también este arco, que quizá sea el último vestigio de una obra que, fuese para lo que fuese, posiblemente quedará en el olvido.

domingo, 21 de marzo de 2010

Tapas de las "Aguas de la Huerta de la Reina"

Nuestro fraternal amigo del blog 8picos nos manda fotos que ha hecho esta misma semana de dos tapas de alcantarillado de acceso a la mina subterránea de las "Aguas de la Huerta de la Reina", en la calle San José de Calasanz, y que comentamos en una anterior entrada.

Esta es la que se localiza en el punto más alto de dicha calle, en su intersección con la calle Asomadilla. La que dijimos que se encontraba a más de 15 metros de altura sobre la galería.


Y esta se encuentra un poco más abajo de la intersección con la calle Ortega y Munilla.



Muchísimas gracias 8picos.

domingo, 7 de marzo de 2010

El arroyo de San Lorenzo (I)

Es conocido el hecho de que, hasta el siglo XX, por los barrios de Santa Marina y San Lorenzo transitaba un arroyo que adquiría tal consideración sólo en tiempos de lluvias intensas. El recuerdo de este arroyo (para ser francos, una simple cloaca urbana) ha quedado reflejado en el nombre que aún permanece (toquemos madera) de algunas calles por las que discurría: Arroyo de San Andrés, Arroyo de San Rafael y Arroyo de San Lorenzo. La topografía del terreno conformaba dentro de la propia ciudad una vaguada natural que servía como red principal de evacuación de las aguas a cielo abierto en unos tiempos en los que el alcantarillado, o era defectuoso, o simplemente no existía.

Lo que quizás no sea igual de sabido es que, en tiempos más antiguos, dos pequeños arroyos que bajaban de la sierra le aportaban en su cabecera urbana a la altura del Colodro su propio caudal, y cuando llovía lo que corría por las calles de estos barrios si que era un auténtico arroyo. Conforme los barrios citados se fueron progresivamente urbanizando (parece ser que cuando la Reconquista estaban prácticamente despoblados), y además hubo voluntad para ello, se decidió llevar a cabo la tarea de desviar estos arroyos para que no entrasen en la ciudad, y que al menos el agua que llevase al arroyo de San Lorenzo fuese solamente la originada por las escorrentías de la propia ciudad. El nunca bien pagado Teodomiro Ramírez de Arellano lo indica así en sus Paseos: "En 1789, se logró al fin el permiso real para invertir en las ya citadas obras [...] quienes principiaron por cerrar el arco que junto a la torre de la Malmuerta dejaba entrar el arroyo del Matadero, y el otro que corre por el haza cercada, haciéndoles el cauce que hoy tiene por delante de las Ollerías y Fuensantilla hasta el Marrubial, donde lo incorporaron al de las Piedras [...]. El arroyo de las Ollerías lo acabaron de arreglar en 1804.”

¿Cuáles eran estos dos arroyos y de dónde venían?. Del primero podemos saber algo más, pero sin total seguridad. Quizá se relacione con un paleocauce que Dionisio Casañal refleja claramente en su plano de 1884, y que fue claramente identificado cuando las obras de los aparcamientos del Plan RENFE (Imagen 1). En el informe arqueológico llevado a cabo entonces (http://www.arqueocordoba.com/publ/publolPDF/moreno-pprenfe.pdf) se indica entre otras cosas que "al Oeste de la rotonda del Pretorio se documenta una vaguada, rellenada a finales del s. XIX o principios del s. XX para nivelar el terreno con motivo del tendido de las vías del ferrocarril [...]. Por la profundidad, extensión y trazado, podría tratarse del paleocauce de un arroyo". Quizás sea el arroyo que busquemos, que desde aquí seguía aguas abajo hasta el arco de la Malmuerta por donde entraba a la ciudad por la Plaza de la Lagunilla (que, por cierto, aparece reflejado en el plano de Montis de 1851 y no en el de Casañal de 1884). Y aguas arriba, ¿desde donde venía el arroyo?. Cotejando el plano de Casañal con otros planos postriores se reconoce una cierta vaguada en torno a la fuente de los Picadores, que incluso parece desaguar a la misma. No obstante, la modificación del terreno que supuso la urbanización de la Huerta de la Reina, ya visible en los planos, impide seguir más esta pista.




Imagen 1. En el círculo zona donde apareció el paleocauce durante las obras del Plan RENFE (Fuente: Informe-Memoria de la intervención arqueológica de urgencia en el aparcamiento bajo el Vial Norte del Plan Parcial RENFE).



).



Imagen 2. Vaguada en torno a la Fuente de los Picadores (Plano topográfico de 1928)


Del segundo arroyo es aún más difícil aventurar algo. Sólo tenemos la mera referencia de que viene por el "haza cercada”. En el plano de Casañal aparecen unas "casas de la haza", adosadas a la actual calle Feria, y la calle Cronista Salcedo Hierro ha tenido hasta hace poco el nombre de "Haza". También cita el amigo Teodomiro un haza, que estaba en alto, situada cerca de la ermita del Pretorio, y que fue desmontada cuando se construyó el ferrocarril.


Junto a estos simples indicios quizá guarde relación una información contenida en otro socorrido y oportuno estudio arqueológico (http://www.arqueocordoba.com/proy/convenio/oficinaarq/informes/80101-sancayetano/80101.htm). En dicho informe se identifica (aunque con ciertas reservas) un posible paleocauce en un solar municipal en la calle Alonso el Sabio que hace esquina con la Avenida de los Piconeros (Vial Sur). Sin más datos que esto podemos tirarnos a la piscina y suponer que la dichosa haza cercada por donde venía este segundo arroyo comprendía más o menos la manzana donde se instaló el complejo industrial de la fábrica “San Antonio”, y posteriormente otras como “Carbonell” y “Baldomero Moreno” (la zona del Chimeneón para entendernos). Desde aquí se dirigiría hacia la Puerta de Colodro y se encontraría tras pasarla con el primer arroyo que venía por la Lagunilla.




Imagen 3: Supuesto trazado de los dos arroyos sobre el Plano de Casañal (1884). En verde paleocauce del primer arroyo; en rojo casas identificadas como "de la haza"; en azul zona donde se ha detectado el segundo paleocauce


Hasta aquí por esta fatigosa entrada, llena de vaguedades y teorías. En próximas (espero que pronto) intentaré describir por donde creo que se realizó el desvío de los dos misteriosos arroyos y otras curiosidades más...


Para saber más:
http://puertadeosario.blogspot.com/2010/07/remontando-el-arroyo-de-san-cayetano-y.html

jueves, 25 de febrero de 2010

El precedente de la Ronda Norte

A principios de este mes de febrero se presentó en sociedad el (aún) anteproyecto del tramo de la Ronda Norte que unirá la calle Madres Escolapias, en el entorno del Barrio del Naranjo, con el comienzo de la Ronda Oeste, cerca de la nueva Glorieta del Tablero. El tramo, objeto de múltiples controversias con los vecinos, tiene como rasgo más característico su paso por la vertiente meridional del cerro de la Asomadilla mediante túneles y pasos semienterrados, de los que se señala su "complejidad", además de recalcarse que se está a la espera de estudios geológicos y arqueológicos que podrían motivar cambios en el trazado inicialmente propuesto.

Ciertamente la tarea tiene cierta dificultad: uniendo aproximadamente en línea recta la cima de este cerro con la Glorieta de la Castilleja hay una divisoria de aguas. Lo que llueve a su izquierda (mirando al Norte), pertenece a la cuenca del arroyo del Moro, que se dirige hacia el Brillante y el Tablero, y lo que llueve a su derecha va a la cuenca del arroyo de las Piedras, que desagua en dirección a la Glorieta de Sansueña y el Barrio del Naranjo. Así, la Ronda pasa mediante túneles y trincheras de una cuenca a otra, aunque lo que transite por ellas ya no sean arroyos como tales, sino anónimos colectores de alcantarillado.

Lo curioso del caso es que una obra similar, pero por la vertiente norte del cerro, ya se realizó en Córdoba. En efecto, las llamadas "Aguas de la Huerta de la Reina", citadas por López Amo en su obra de "Las aguas de Córdoba" constituían una conducción de aguas que llegaba hasta dicha Huerta y uno de cuyo nacimientos, indica López Amo, "viene del Puente de Sansueña". El autor se lía un poco al hablar de estas aguas, pues indica que hay tres nacimientos o ramales y luego sólo cita dos, el referido de Sansueña y otro por la Arrizafa. El tercero, según mis propias indagaciones, venía de la vaguada del arroyo del Moro, bajando por el terrizo de la calle Cardenal Portocarrero. (El ramal de la Arrizafa, por cierto, posiblemente esté relacionado con la noria recientemente destrozada junto al circuito del Tablero, tema tratado con ardor en el foro de la Calleja de Las Flores, dentro de una entrada excepcional del bloguero La Colina sobre las alcubillas cordobesas).

Pero volviendo al tema que nos ocupa, que es la conducción que atravesaba la Asomadilla por su cara norte, podemos encontrar más información sobre la misma en una disertación sobre la minería y la metalurgia en Al-Andalus realizada por el Ingeniero de Minas Antonio Carbonell, en el marco de la Semana del Milenario del Califato de Occidente (enero de 1929). Afortunadamente, el contenido de dicha exposición puede leerse en la digitalizada Revista Minera, tomo LXXX, también de 1929. En dicha revista, el texto de Antonio Carbonell se reparte entre varias páginas, y entre diversos temas que aborda, destaca para lo que nos concierne la página 218, donde refleja su admiración por esta obra (Imagen 1):


Imagen 1. Página 218 de la Revista Minera, Metalúrgica y de Ingeniería. Tomo LXXX


Otra referencia más a esta importante (y desconocida) tarea de ingeniería puede encontrase en la revista "Acta historica et archaeologica mediaevalia" (1993-94), en un artículo de Ricardo Córdoba. En dicho artículo, citando como fuente a Rafael Castejón y su obra "Córdoba califal" (1929), se indica que la obra fue realizada en época de Abderramán II (Imagen 2):

Imagen 2. Página 362 de la Revista Acta historica et archaeologica mediaevalia (1993-94).


Recordemos, además, que tanto Rafael Castejón como Antonio Carbonell formaron parte en el lejano verano de 1925 de una excursión en busca del nacimiento del acueducto de Valdepuentes (¡quién estuviera allí!), que fue punto de partida para el estudio que sobre dicho conducción del Bejarano realizó Ángel Ventura, y en el cual éste demostró que, contra lo que se creía y admitía, el acueducto es romano, no califal. Lo señalo porque la obra de las Aguas de la Huerta de la Reina espera también a alguien que la investigue con cierto rigor (hace mucho ya desde los años 20 del siglo XX) y que confirme o rebata su datación califal.

A día de hoy, ¿qué queda de todo esto? Pues bien, se puede dar uno un paseo subiendo la calle San José de Calasanz y descubrir, entre las tapas de alcantarillado, algunas de un modelo antiguo que pone "Aguas Huerta de la Reina", en uso hasta los años 60-70 del siglo XX. Personalmente pude abrir (con permiso) la tapa más alta (en la intersección de San José de Calasanz con la calle Asomadilla), descubriendo un pozo labrado en la roca que desembocaba en una cámara o galería de gran dimensión. El fondo estaba a una profundidad de más de 15 metros, pero la profundidad era aún mayor, por cuanto una gran cantidad de escombros y rocas desprendidas impedía acceder al nivel de suelo original. Desgraciadamente, la altura y la oscuridad eran tales que las fotografías tomadas no sirvieron para nada...

Así que cuando esté uno en el punto más alto de la calle San José de Calasanz, y vea a la considerable altura a la que se encuentra sobre el comienzo de la calle, bien sea entrando por Sansueña o por el Brillante, recuerde que una gran galería atraviesa la base rocosa del cerro de un sitio a otro. En Toledo, han puesto en valor recientemente conducciones de agua similares como reclamo turístico (la llamada "Cueva de Hércules"). Yo, simplemente me conformo con que con esta entrada quede por lo menos constancia de la existencia de esta obra histórica antes de que desaparezca.

martes, 9 de febrero de 2010

La Carrera del Caballo

La urbanización de la Carrera del Caballo constituye una de las mayores tropelías cometidas contra el pueblo de Córdoba, permitida (cuando no impulsada) por la aquiescencia servil de nuestra insignes regidores municipales.

El modus operandi ha sido el de siempre. Un promotor inmobiliario compra unos terrenos rústicos no urbanizables, en este caso la extensa finca de San José. Seguramente los adquiere porque quiere retirarse del duro ajetreo diario y dedicarse a la vida contemplativa en el campo, rodeado de pajaritos cantores y árboles frondosos que dan cobijo a reses vacunas. Elige, además, una zona destinada en el PGOU a Parque Periurbano, con la misma categoría de protección ambiental que Los Villares. El amor a la naturaleza se conjuga con el patrimonio histórico: en la finca hay restos de un acueducto romano del siglo I, un ramal del llamado Aqua Nova. A su vera corre un arroyo, el de Los Pradillos, rodeado de una dehesa con encinas y flores de manzanilla. Ni el mismísimo Virgilio hubiera podido describir en sus Églogas un lugar más bucólico y pastoril.

Pero, de la noche a la mañana, la cosa cambia. Posiblemente, la vida inactiva en el campo aburre. Se oyen rumores de que el promotor, Arenal 2000, va a urbanizar la zona. Ya en 2003, el Ayuntamiento va dando forma a un imposible: autorizar un plan que contempla destruir cientos de encinas, arrasar un acueducto y encauzar (o sea, matar) un arroyo. No será verdad, se dice la gente, algo tendrán que hacer las administraciones de cultura, medioambiente, nacionales o autonómicas, algún partido del Ayuntamiento se opondrá frontalmente, aparecerá quien sea...

El curso de los acontecimientos, sin embargo, parece que sigue ya una ruta sin marcha atrás. El teniente de alcalde y gerente de Urbanismo, el socialista José Mellado, alega que la urbanización de la zona por el promotor "ayudaría a reurbanizar y dotar de servicios, como el abastecimiento de agua, a las parcelaciones [ilegales] colindantes" (sic). Contra este argumento, tan sólidamente fundado, nada se puede discutir, pero es que tampoco ningún político tiene el menor interés en hacerlo.

Y el pueblo de Córdoba asiste atónito a lo inevitable. Se allanan cerros, se ciegan y desvían cauces y se desmocha todo resto de vegetación. La esperanza de que la urbanización resulte en una mancha dispersa de chalets aislados, dejando por lo menos espacios verdes entre ellos, es sólo eso, una esperanza. Hileras e hileras de tétricos adosados campan a sus anchas. Desgraciadamente, el vodevil no acaba aquí, y los políticos, para parecer que hacen algo, comienzan a pedir explicaciones porque las obras empezaron sin licencia, que si no se han construido las VPO previstas, que la Junta dice sí, que el Ayuntamiento dice no, que ahora dicen lo contrario, que se pone una multa, que ya ha prescrito... Pura fachada.

Finalmente, la construcción del "Paraíso (sarcasmo que no falte) Arenal" llega a su fin. Un humilde arco triunfal, perfectamente integrado en el entorno, corona la obra. Ya no podrá cantarse en la copla que Ramón Medina compuso a la Romería de Linares aquello de "por el puerto de la salve, cordobesita..." porque ya no existe el puerto de la salve. Sólo colinas resecas y ardientes en verano, coronadas por innumerables viviendas vacías y luminarias que no dan luz, pero que pueden servir para poner un cartel de los de Capital Cultural o del compromiso municipal en la lucha contra el climático.

Post Data: Aunque ya estaba Arenal 2000 en trámites judiciales y muchas de sus obras paradas o embargadas, el afán campestre continuó. Tal es así que a un conocido mío le ofrecieron dinero (al igual que a sus vecinos) por comprarle su finca, que se encuentra ya en la linde del arroyo de Linares. Así, es que, gracias a la crisis (algo bueno tendría que tener) aún perdura este arroyo, el cerro de San Fernando y hasta el propio Santuario.
(no sea Vd. exagerado, ¿cómo iba a permitir esto el Ayuntamiento?).

miércoles, 3 de febrero de 2010

El arroyo de las Piedras

Nace el ramal principal del arroyo de las Piedras, de la Peñas o de San Cristóbal, en el cerro de este nombre y el poeta Francisco Carrasco ha descrito de manera magistral su recorrido, desde su nacimiento, su paso por las huertas serranas de Los Morales, Hierro y Saldaña, su cruce por el Puente de Sansueña hacia el Barrio del Naranjo, y su trayecto por lo que hoy es el Polígono de Chinales, Barrio de Sagunto, la Viñuela y el Polígono de la Fuensanta. En la actualidad, el arroyo como tal se limita a su cauce superior, aún no invadido por las parcelaciones hasta la Huerta de Hierro. A partir de aquí desaparece bajo chalets construidos impunemente sobre su lecho, sale aún tímidamente a la luz en la abandonada Huerta de Saldaña y termina definitivamente ya como un mero colector de alcantarillado a la salida de esta Huerta. El menguado recorrido del arroyo, en fin, ha trastocado incluso su denominación, siendo nombrado preferentemente en la actualidad como arroyo de San Cristóbal, por el lugar donde nace y donde es aún identificable como un arroyo de nuestra sierra.

Evidentemente, no siempre fue esto así. Hasta mediados del siglo XIX bajaba el arroyo sin ningún obstáculo desde nuestra sierra hasta el Guadalquivir. La construcción en sus inmediaciones del Cuartel de Alfonso XII (luego de Lepanto) entre 1877 y 1883 supuso la primera "prueba" seria para su integridad, si bien la construcción militar quedó finalmente en el límite del arroyo, que pudo así seguir su curso aguas abajo (imagen 1).

Imagen 1. Mapa del término de Córdoba. Instituto Geográfico Nacional (1933)

Sin embargo, el cuartel fue posteriormente ampliado hacia el Este con pistas deportivas, hasta que en los años 50 del siglo XX alcanzó su configuración definitiva, que prácticamente doblaba la inicial de finales del XIX. ¿Qué paso entonces con el arroyo?: evidentemente ya "molestaba", y fue embovedado, junto con su afluente el arroyo de la Hormiguita, encauzados por un conducto de alcantarillado que transcurre bajo el camino enlosado que une las calles Sagunto y Avenida de Rabanales, donde acaban los edificios que aún permanecen en pie del antiguo cuartel y comienzan los jardines (sí, bajo esa chapuza de enlosado que cada dos por tres tienen que arreglar). Pasado el cuartel, la urbanización progresiva desde 1945 del barrio de la Viñuela-Rescatado implicó extender su encauzamiento bajo tierra más allá del mismo (imagen 2).


Imagen 2. Los arroyos de las Piedras y Hormiguita embovedados bajo el Cuartel de Lepanto. Al norte aún se ven sus cauces naturales. Ortofoto del vuelo americano (1956).

Esta obra de alcantarillado, bien fuera porque tenía una sección insuficiente o bien por la obstrucción que suponía un enrejado que tenía el conducto justo bajo el cuartel (seguramente por motivos de seguridad), el hecho es que ante lluvias intensas se atoraba, era incapaz de dar salida a todo el caudal del arroyo, y éste se desbordaba. Los vecinos más antiguos de San Lorenzo recordarán esos desbordamientos de los años 50, cuando venía la riada (la ría) que, entrando por los Padres de Gracia, seguía calle María Auxiliadora adelante, y buscaba el desagüe natural que siempre ha supuesto el cauce del Arroyo de San Lorenzo.
Esta tesitura, agravada aún más por la urbanización de la zona al norte del cuartel prevista en el PGOU de 1958 (barrio de Sagunto-Cinco Caballeros), obligaba a dar una solución definitiva al problema. Este PGOU preveía la construcción de una nueva avenida como límite del incipiente barrio de Levante, la actual Avenida de Carlos III, y por ella se desvió el arroyo de Las Piedras llevándolo por su acera meridional. Inicialmente, este nuevo cauce fue a cielo abierto, siendo posteriormente entubado e incorporado al alcantarillado. El trayecto del arroyo terminaba en su unión con el arroyo de Pedroches, pero ya no en su entronque histórico del Moredal (por donde caía el antiguo estadio de fútbol) sino al final de Carlos III, enfrente de la ya derruida Choza del Cojo (imagen 3).

Imagen 3. Mapa del término de Córdoba. Instituto Geográfico Nacional (1969)

Lejos de un bucólico encuentro entre dos arroyos, el embovedamiento del Pedroches terminó por configurar en ese punto meramente la unión de dos grandes colectores de alcantarillado, al que se podía acceder por unos escalones de EMACSA que pueden verse aún al final de Carlos III, cerca de la tienda de colchones. Hoy día, felizmente desenterrado el arroyo de Pedroches, que busca ahora al Rabanales por Tejavana, el arroyo de las Piedras queda como el gran "perdedor "del proceso de expansión de la ciudad por el Este.