viernes, 26 de marzo de 2010

El arroyo de san Lorenzo (II)

En una entrada anterior llegamos hasta un período, entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, en el que se desviaron dos pequeños arroyuelos serranos que anteriormente se incorporaban al arroyo de San Lorenzo en el comienzo de su recorrido por la Ajerquía. A partir de entonces, y aunque evidentemente menguados e irreconocibles como tales, se puede hablar de dos "arroyos", el que permaneció intramuros y el que resultó del desvío.

En cuanto al primero de ellos, el que todos conocemos como arroyo de San Lorenzo, siguió siendo una cloaca urbana a cielo abierto en las épocas de lluvias. Según se comenta en los Paseos, tras la obra de desvío citada se arreglaron y allanaron las calles de la ciudad por las que transitaba el arroyo, eliminando incluso unos álamos (árboles propios de las riveras) en la actual calle Enrique Redel. Tampoco es que lo terminasen de arreglar muy bien porque la actual calle de Isaac Peral siguió llamándose calle del Lodo por el barrizal que se formaba allí cuando llovía. El siguiente paso lógico hubiese sido aprovechar el momento y realizar un alcantarillado subterráneo acorde para evitar que las aguas de lluvia circulasen por medio de la calle. Pero como las cosas en Córdoba parece que tienen otros tiempos, este alcantarillado no se materializó hasta finales de los años 20 del siglo XX, cuando se construyó un ovoide subterráneo para paso de las aguas que aún hoy perdura (imagen 1). Por eso, mi propia abuela (que nació en 1907) comentaba de joven tener que cruzar la calle Arroyo de San Rafael por un pequeño puente cuando llovía más de la cuenta...



Imagen 1: Obras del alcantarillado en la calle Mayor de Santa Marina (1928). Fuente: Archivo Histórico Municipal


Del segundo "arroyo", resultante del desvío y unión de de los pequeños arroyos del Matadero y de la haza cercada, queda claro en los Paseos que se llevaron juntos a un nuevo cauce construido que pasaba por delante de las Ollerías y la Fuensantilla, llegando hasta el Marrubial para incorporarse finalmente al arroyo de las Piedras. Teodomiro le da este "nuevo" arroyo el nombre de arroyo de las Ollerías. No obstante el anterior papel de estos arroyuelos estaba aún fresco en la memoria de la ciudad, y así López Amo en su descripción del origen y curso de las aguas potables en 1876 le sigue dando a este cauce el nombre de "arroyo de San Lorenzo". Así, al referirse a la zona inmediata a la Fuensantilla, donde brotaban las aguas que dotaban de agua a la fuente de la Piedra Escrita comenta: "Esta [agua de la fuente de la Piedra Escrita] viene por atargea procedente de los sudaderos de un terreno inmediato a la Fuensanta vieja [Fuensantilla], la que sale por el callejón que sale a la alcubilla de la Fuensanta vieja, pasando por el lado derecho de ella, dando vuelta por delante de la cerca del huerto, entre este y el cauce del arroyo nombrado de San Lorenzo, hasta llegar frente a la reja del hospital de la Misericordia [en las calle Cárcamo]". En cualquier caso conviene hacer una precisión: aunque tuviese tal apelativo el "arroyo", llamado de las Ollerías (o de San Lorenzo bis), sería poco más que la simple cuneta del camino de la (entonces) Ronda Norte de la ciudad, puesto que no se identifica en ninguno de los planos de Córdoba del XIX.

Siguiendo con su trazado, desde la Fuensantilla el cauce debía buscar al arroyo de las Piedras cruzando el Marrubial. ¿Por dónde? No estoy seguro de ello, pero quizá el plano de Casañal de 1884 pueda servir de ayuda, aunque no refleje en ningún caso un cauce del tipo que estamos buscando. Quizás su insignificancia hiciese innecesario reflejarlo…

La primera opción que se plantea sería suponer que el cauce seguía recto por la actual Avenida Agrupación Córdoba hasta alcanzar el arroyo de las Piedras a la altura de la gasolinera de Chinales y el Zumbacón. El problema que parece tener esta alternativa es que, según se puede ver en el plano indicado, aparte del desvío excesivo hacia el norte que implica, mientras las Ollerías tiene una pendiente descendente hacia la Fuensantilla, desde aquí vuelve de nuevo a subir, lo que complicaría la ejecución de esta opción. La segunda alternativa sería hacerlo cruzar en diagonal atrochando por el Marrubial, y buscando directamente sin rodeos el arroyo de las Piedras. Y la tercera opción es que a partir de la Fuensantilla siguiese en su mayor parte la Ronda del Marrubial, aprovechando, como ocurría por las Ollerías, la propia cuneta del camino. Luego, en todo caso, debería buscar el arroyo de las Piedras.

De esta tercera alternativa, que parece ser la más cómoda de haberse ejecutado, quizá guarde alguna relación el siguiente mapa, contenido en el libro de "Cartografía y Fotografía de un siglo de urbanismo en Córdoba", de cuando se planificaba la construcción del cuartel de Alfonso XII y se delimitaban con la mayor precisión posible los terrenos a expropiar (imagen 2).




Imagen 2. Mapa de terrenos a expropiar para la construcción del cuartel del Marrubial. Fuente: "Cartografía y Fotografía de un siglo de urbanismo en Córdoba"

En este mapa se sitúan dos cursos de agua (resaltados en azul). Es tentador pensar, si aceptamos la tercera opción, que el situado más a la izquierda se correspondería con el arroyo de San Lorenzo-Ollerías, guiado por la cuneta de la Ronda, por entonces (hasta que se adoquinó en los años 20), poco más que un camino muy mal acondicionado (lo que en Córdoba y sus pueblos se ha llamado siempre la Re(d)onda). El cauce de la derecha sería el arroyo de las Piedras, después de haber recibido poco antes el aporte del Hormiguita (en justicia, el Camello como alega con fundamento el bloguero Puerta de Osario)

Además en la zona del cuartel en cuestión podemos encontrar otro dato que quizás nos apoye lo anterior, o quizás no tenga nada que ver y sólo sea una metedura de pata. Y es que al poco de comenzar la calle Sagunto, entrando desde la Ronda, en la parte baja de la cerca del cuartel se encuentra una especie de arco con ladrillos (imagen 3), casi enterrado por el nuevo acerado, que comunica con el jardín abandonado donde crecen silvestres unas frondosas moreras. Esta obra se localiza más o menos a la altura que se refleja con un círculo rojo en el mapa anterior, en el encuentro entre el curso de agua más occidental y los terrenos que se iban a expropiar del cuartel.




Imagen 3: ¿Obra de paso? al comienzo de la calle Sagunto.

¿Es este arco una especie de puentecillo u obra de paso para el arroyo de San Lorenzo?, ¿es una obra de paso para la cuneta de la Ronda sin relación alguna con el arroyo? ¿servía para otra cosa? Son dudas que no he podido resolver, aunque seguramente quede constancia en algún informe de obras del Ayuntamiento o de la Administración Militar que haga innecesario todas las elucubraciones y juegos malabares de esta entrada. En cualquier caso, toda la cerca del cuartel parece que tiene los días contados, por lo que de un día a otro desaparecerá también este arco, que quizá sea el último vestigio de una obra que, fuese para lo que fuese, posiblemente quedará en el olvido.

domingo, 21 de marzo de 2010

Tapas de las "Aguas de la Huerta de la Reina"

Nuestro fraternal amigo del blog 8picos nos manda fotos que ha hecho esta misma semana de dos tapas de alcantarillado de acceso a la mina subterránea de las "Aguas de la Huerta de la Reina", en la calle San José de Calasanz, y que comentamos en una anterior entrada.

Esta es la que se localiza en el punto más alto de dicha calle, en su intersección con la calle Asomadilla. La que dijimos que se encontraba a más de 15 metros de altura sobre la galería.


Y esta se encuentra un poco más abajo de la intersección con la calle Ortega y Munilla.



Muchísimas gracias 8picos.

viernes, 19 de marzo de 2010

Los intrépidos legalizadores

No me gusta hablar de política, pero si no lo hago reviento. El caso es que llevamos asistiendo en las últimas semanas a una sucesión insólita de acontecimientos en relación con las parcelaciones ilegales anegadas el pasado mes de Febrero por el Guadalquivir, cuando éste decidió simplemente volver a reclamar las zonas que le son propias.

Todo comenzó cuando los cordobeses oímos en las televisiones nacionales nombres que a la mayor parte no nos sonaban de nada, como "La Altea” y "Guadalvalle". Un día sí y otro también, en nuestros televisores aparecían completamente anegadas las típicas construcciones, todas cortadas por el mismo molde pseudo hortera-ostentoso, que tanto abundan desgraciadamente en nuestra ciudad. La gran mayoría que formamos los cordobeses de bien, sin importar el ser de derechas o de izquierdas o hasta de centro, nos asombramos (unos más que otros) de que en una zona completamente inundable, con el peligro que eso conlleva, se hubiese permitido construir de forma ilegal no una casa aislada, sino urbanizaciones completas con luz, agua, asfaltado y hasta señales de tráfico, que aquí sacan tajada muchos.

Olvidado algo el tema, a los cordobeses lo que realmente nos interesaba de todo el temporal de lluvias era que dejase un día de llover para ir al Puente Romano a ver entusiasmados como niños el Guadalquivir rugiendo como en sus buenos tiempos, o ir al campo a disfrutar con los pequeños arroyos de nuestra sierra por fin llenos de agua...

Pero los políticos no viven de eso. No viven de un entusiasmo que luego no se transforme en votos tangibles. Y en vez de ir como unos más al Puente, se fueron con fingidos rostros compungidos a eso que ahora de forma ridícula se llama en los medios "zona cero" y que ellos en su propio argot llaman "caladero de votos". Algunos aparecieron con calculada ambigüedad, como Andrés Ocaña, que en la misma frase a la prensa fue capaz de decir que "las zonas son inundables, lo que impide su legalización", pero que "cuando las aguas vuelvan a su cauce los desalojados tendrán derecho a volver a su casas". Otros, como Rosa Aguilar, repartiendo abrazos y besos, poniendo cara de interesante y..., como es habitual en ella, no haciendo nada. José Antonio Nieto se pasó también por allí, echando la culpa a todo el mundo, menos a los parcelistas, por supuesto. Y los socialistas, en fin, como actores secundarios pero afirmando que desde la Junta se solicitarían al Gobierno Central todas las ayudas necesarias...

Pasados los focos televisivos, el vodevil siguió su curso. Así en el primer Pleno de Marzo en el Ayuntamiento se trató el tema. No se les cayó la cara de vergüenza. Nadie asumió responsabilidades, nadie quiso hablar claro. Decían que el PGOU ya contempla las actuaciones para estos casos y bla, bla, bla. Todo bajo su curiosa interpretación de la democracia, de que es mejor contentar a unos cientos de personas QUE HAN ACTUADO DE FORMA ILEGAL que respetar los derechos de los trescientos y pico mil restantes. No vaya a ser que los minoritarios les monten una manifestación delante del Ayuntamiento, y como de todas formas la mayoría si se queja es sólo de palabra y al final cada uno votará a los suyos...

Pues esto es lo que hay. Y la última es la iniciativa “estrella” con la que se descuelga el ínclito señor Nieto, que ya sin tapujos ha planteado esta semana que lo que debe hacerse con estas parcelas es "legalizarlas" y que el PGOU se vaya al limbo. Curiosa forma de actuar de uno que, dicen por ahí, tiene estudios de Derecho. Los otros partidos han saltado en contra, tachándolo de "demagogo"... pero esperen ustedes cuando llegue el momento.

Se afirma que unos tienen los políticos que se merecen. Creo sinceramente que en el caso de Córdoba, si esto es cierto, es un castigo excesivo. Políticos que no defienden el interés público, políticos serviles con los plutócratas que parcelan en lotes nuestra sierra, políticos inactivos ante los que destrozan nuestro patrimonio, políticos, en suma, todos iguales, sin distinguir quién es de izquierdas y quién es de derechas, aferrados a la poltrona y a la mamandurria, sin más mérito que flamear las banderas detrás de los líderes en los mítines. Así que, en vistas de todo esto, propongo que en las próximas elecciones municipales el PP e IU (el PSOE local, mero apéndice de la Junta, no cuenta) se dejen de engañar al personal y se presenten juntos como hermanos bajo las siglas PPIU: Partido de los Parcelistas Ilegales Unidos.

(qué a gusto me he quedado)

 Vista aérea de las zonas inundadas. http://www.cordobadesdeelcielo.com/catastro.html

domingo, 7 de marzo de 2010

El arroyo de San Lorenzo (I)

Es conocido el hecho de que, hasta el siglo XX, por los barrios de Santa Marina y San Lorenzo transitaba un arroyo que adquiría tal consideración sólo en tiempos de lluvias intensas. El recuerdo de este arroyo (para ser francos, una simple cloaca urbana) ha quedado reflejado en el nombre que aún permanece (toquemos madera) de algunas calles por las que discurría: Arroyo de San Andrés, Arroyo de San Rafael y Arroyo de San Lorenzo. La topografía del terreno conformaba dentro de la propia ciudad una vaguada natural que servía como red principal de evacuación de las aguas a cielo abierto en unos tiempos en los que el alcantarillado, o era defectuoso, o simplemente no existía.

Lo que quizás no sea igual de sabido es que, en tiempos más antiguos, dos pequeños arroyos que bajaban de la sierra le aportaban en su cabecera urbana a la altura del Colodro su propio caudal, y cuando llovía lo que corría por las calles de estos barrios si que era un auténtico arroyo. Conforme los barrios citados se fueron progresivamente urbanizando (parece ser que cuando la Reconquista estaban prácticamente despoblados), y además hubo voluntad para ello, se decidió llevar a cabo la tarea de desviar estos arroyos para que no entrasen en la ciudad, y que al menos el agua que llevase al arroyo de San Lorenzo fuese solamente la originada por las escorrentías de la propia ciudad. El nunca bien pagado Teodomiro Ramírez de Arellano lo indica así en sus Paseos: "En 1789, se logró al fin el permiso real para invertir en las ya citadas obras [...] quienes principiaron por cerrar el arco que junto a la torre de la Malmuerta dejaba entrar el arroyo del Matadero, y el otro que corre por el haza cercada, haciéndoles el cauce que hoy tiene por delante de las Ollerías y Fuensantilla hasta el Marrubial, donde lo incorporaron al de las Piedras [...]. El arroyo de las Ollerías lo acabaron de arreglar en 1804.”

¿Cuáles eran estos dos arroyos y de dónde venían?. Del primero podemos saber algo más, pero sin total seguridad. Quizá se relacione con un paleocauce que Dionisio Casañal refleja claramente en su plano de 1884, y que fue claramente identificado cuando las obras de los aparcamientos del Plan RENFE (Imagen 1). En el informe arqueológico llevado a cabo entonces (http://www.arqueocordoba.com/publ/publolPDF/moreno-pprenfe.pdf) se indica entre otras cosas que "al Oeste de la rotonda del Pretorio se documenta una vaguada, rellenada a finales del s. XIX o principios del s. XX para nivelar el terreno con motivo del tendido de las vías del ferrocarril [...]. Por la profundidad, extensión y trazado, podría tratarse del paleocauce de un arroyo". Quizás sea el arroyo que busquemos, que desde aquí seguía aguas abajo hasta el arco de la Malmuerta por donde entraba a la ciudad por la Plaza de la Lagunilla (que, por cierto, aparece reflejado en el plano de Montis de 1851 y no en el de Casañal de 1884). Y aguas arriba, ¿desde donde venía el arroyo?. Cotejando el plano de Casañal con otros planos postriores se reconoce una cierta vaguada en torno a la fuente de los Picadores, que incluso parece desaguar a la misma. No obstante, la modificación del terreno que supuso la urbanización de la Huerta de la Reina, ya visible en los planos, impide seguir más esta pista.




Imagen 1. En el círculo zona donde apareció el paleocauce durante las obras del Plan RENFE (Fuente: Informe-Memoria de la intervención arqueológica de urgencia en el aparcamiento bajo el Vial Norte del Plan Parcial RENFE).



).



Imagen 2. Vaguada en torno a la Fuente de los Picadores (Plano topográfico de 1928)


Del segundo arroyo es aún más difícil aventurar algo. Sólo tenemos la mera referencia de que viene por el "haza cercada”. En el plano de Casañal aparecen unas "casas de la haza", adosadas a la actual calle Feria, y la calle Cronista Salcedo Hierro ha tenido hasta hace poco el nombre de "Haza". También cita el amigo Teodomiro un haza, que estaba en alto, situada cerca de la ermita del Pretorio, y que fue desmontada cuando se construyó el ferrocarril.


Junto a estos simples indicios quizá guarde relación una información contenida en otro socorrido y oportuno estudio arqueológico (http://www.arqueocordoba.com/proy/convenio/oficinaarq/informes/80101-sancayetano/80101.htm). En dicho informe se identifica (aunque con ciertas reservas) un posible paleocauce en un solar municipal en la calle Alonso el Sabio que hace esquina con la Avenida de los Piconeros (Vial Sur). Sin más datos que esto podemos tirarnos a la piscina y suponer que la dichosa haza cercada por donde venía este segundo arroyo comprendía más o menos la manzana donde se instaló el complejo industrial de la fábrica “San Antonio”, y posteriormente otras como “Carbonell” y “Baldomero Moreno” (la zona del Chimeneón para entendernos). Desde aquí se dirigiría hacia la Puerta de Colodro y se encontraría tras pasarla con el primer arroyo que venía por la Lagunilla.




Imagen 3: Supuesto trazado de los dos arroyos sobre el Plano de Casañal (1884). En verde paleocauce del primer arroyo; en rojo casas identificadas como "de la haza"; en azul zona donde se ha detectado el segundo paleocauce


Hasta aquí por esta fatigosa entrada, llena de vaguedades y teorías. En próximas (espero que pronto) intentaré describir por donde creo que se realizó el desvío de los dos misteriosos arroyos y otras curiosidades más...


Para saber más:
http://puertadeosario.blogspot.com/2010/07/remontando-el-arroyo-de-san-cayetano-y.html

jueves, 25 de febrero de 2010

El precedente de la Ronda Norte

A principios de este mes de febrero se presentó en sociedad el (aún) anteproyecto del tramo de la Ronda Norte que unirá la calle Madres Escolapias, en el entorno del Barrio del Naranjo, con el comienzo de la Ronda Oeste, cerca de la nueva Glorieta del Tablero. El tramo, objeto de múltiples controversias con los vecinos, tiene como rasgo más característico su paso por la vertiente meridional del cerro de la Asomadilla mediante túneles y pasos semienterrados, de los que se señala su "complejidad", además de recalcarse que se está a la espera de estudios geológicos y arqueológicos que podrían motivar cambios en el trazado inicialmente propuesto.

Ciertamente la tarea tiene cierta dificultad: uniendo aproximadamente en línea recta la cima de este cerro con la Glorieta de la Castilleja hay una divisoria de aguas. Lo que llueve a su izquierda (mirando al Norte), pertenece a la cuenca del arroyo del Moro, que se dirige hacia el Brillante y el Tablero, y lo que llueve a su derecha va a la cuenca del arroyo de las Piedras, que desagua en dirección a la Glorieta de Sansueña y el Barrio del Naranjo. Así, la Ronda pasa mediante túneles y trincheras de una cuenca a otra, aunque lo que transite por ellas ya no sean arroyos como tales, sino anónimos colectores de alcantarillado.

Lo curioso del caso es que una obra similar, pero por la vertiente norte del cerro, ya se realizó en Córdoba. En efecto, las llamadas "Aguas de la Huerta de la Reina", citadas por López Amo en su obra de "Las aguas de Córdoba" constituían una conducción de aguas que llegaba hasta dicha Huerta y uno de cuyo nacimientos, indica López Amo, "viene del Puente de Sansueña". El autor se lía un poco al hablar de estas aguas, pues indica que hay tres nacimientos o ramales y luego sólo cita dos, el referido de Sansueña y otro por la Arrizafa. El tercero, según mis propias indagaciones, venía de la vaguada del arroyo del Moro, bajando por el terrizo de la calle Cardenal Portocarrero. (El ramal de la Arrizafa, por cierto, posiblemente esté relacionado con la noria recientemente destrozada junto al circuito del Tablero, tema tratado con ardor en el foro de la Calleja de Las Flores, dentro de una entrada excepcional del bloguero La Colina sobre las alcubillas cordobesas).

Pero volviendo al tema que nos ocupa, que es la conducción que atravesaba la Asomadilla por su cara norte, podemos encontrar más información sobre la misma en una disertación sobre la minería y la metalurgia en Al-Andalus realizada por el Ingeniero de Minas Antonio Carbonell, en el marco de la Semana del Milenario del Califato de Occidente (enero de 1929). Afortunadamente, el contenido de dicha exposición puede leerse en la digitalizada Revista Minera, tomo LXXX, también de 1929. En dicha revista, el texto de Antonio Carbonell se reparte entre varias páginas, y entre diversos temas que aborda, destaca para lo que nos concierne la página 218, donde refleja su admiración por esta obra (Imagen 1):


Imagen 1. Página 218 de la Revista Minera, Metalúrgica y de Ingeniería. Tomo LXXX


Otra referencia más a esta importante (y desconocida) tarea de ingeniería puede encontrase en la revista "Acta historica et archaeologica mediaevalia" (1993-94), en un artículo de Ricardo Córdoba. En dicho artículo, citando como fuente a Rafael Castejón y su obra "Córdoba califal" (1929), se indica que la obra fue realizada en época de Abderramán II (Imagen 2):

Imagen 2. Página 362 de la Revista Acta historica et archaeologica mediaevalia (1993-94).


Recordemos, además, que tanto Rafael Castejón como Antonio Carbonell formaron parte en el lejano verano de 1925 de una excursión en busca del nacimiento del acueducto de Valdepuentes (¡quién estuviera allí!), que fue punto de partida para el estudio que sobre dicho conducción del Bejarano realizó Ángel Ventura, y en el cual éste demostró que, contra lo que se creía y admitía, el acueducto es romano, no califal. Lo señalo porque la obra de las Aguas de la Huerta de la Reina espera también a alguien que la investigue con cierto rigor (hace mucho ya desde los años 20 del siglo XX) y que confirme o rebata su datación califal.

A día de hoy, ¿qué queda de todo esto? Pues bien, se puede dar uno un paseo subiendo la calle San José de Calasanz y descubrir, entre las tapas de alcantarillado, algunas de un modelo antiguo que pone "Aguas Huerta de la Reina", en uso hasta los años 60-70 del siglo XX. Personalmente pude abrir (con permiso) la tapa más alta (en la intersección de San José de Calasanz con la calle Asomadilla), descubriendo un pozo labrado en la roca que desembocaba en una cámara o galería de gran dimensión. El fondo estaba a una profundidad de más de 15 metros, pero la profundidad era aún mayor, por cuanto una gran cantidad de escombros y rocas desprendidas impedía acceder al nivel de suelo original. Desgraciadamente, la altura y la oscuridad eran tales que las fotografías tomadas no sirvieron para nada...

Así que cuando esté uno en el punto más alto de la calle San José de Calasanz, y vea a la considerable altura a la que se encuentra sobre el comienzo de la calle, bien sea entrando por Sansueña o por el Brillante, recuerde que una gran galería atraviesa la base rocosa del cerro de un sitio a otro. En Toledo, han puesto en valor recientemente conducciones de agua similares como reclamo turístico (la llamada "Cueva de Hércules"). Yo, simplemente me conformo con que con esta entrada quede por lo menos constancia de la existencia de esta obra histórica antes de que desaparezca.

jueves, 18 de febrero de 2010

Los espacios adecuados

Entre los efectos secundarios del Plan E se encuentran unos curiosos carteles indicando que la obra en cuestión responde a la necesidad de arreglar de unos espacios "inadecuados". Hasta aquí todo bien, si no fuese porque el concepto que los técnicos aúlicos que rigen nuestro urbanismo tienen de lo que es "adecuado" raya la tomadura de pelo. "Adecuado" es, según ellos, montar un espantoso catafalco negro en el Colodro o reforzar aún más la apariencia de solar inhóspito que la Plaza de Juan Bernier tiene desde que se creó en los años 90.

Y es que esto de la remodelación urbanística dictada desde los criterios de mentes pensantes sin derecho de réplica viene ya de largo. Una de sus primeras gestas fue la reforma de la Plaza de la Compañía, con las entonces novedosas grandes losas de granito oscuro, acompañadas para la ocasión por unos enigmáticos bolondros. Desde entonces, la Compañía parece una plaza transplantada desde otra ciudad, con una imagen desasosegante de oscuridad propia de Bilbao, Helsinki, Transilvania u otro espacio feliz del mismo tipo. Además, el que a los pocos días aquello estuviera ya sucio de manchas de grasa y agrietado no tenía importancia al lado de la modernidad y progreso que aquello suponía frente al catetismo atávico del chino y el empedrado tradicional.



Imagen de la Plaza de Juan Bernier antes de la remodelación. Fuente: Cordobapedia.


No se paró la cosa aquí, sino que las losas de granito, al alimón con los adoquines de hormigón, comenzaron a expandirse por toda la ciudad. En algunos casos, al material le acompañaba unas técnicas de colocación peculiar: las primeras losetas del parque de Lepanto (popularmente el de los Teletubbies) se colocaron en plan puzzle, ¡¡sin ninguna mezcla!!. Claro, al primer paso de un intrépido peatón se salieron de su sitio y empezaron a romperse. Así se quedaron. Nadie pidió explicaciones a quien hizo la chapuza y el sitio se ha tenido que arreglar (por decir algo) innumerables veces.

Otro tanto se puede decir de los adoquines sueltos de las Tendillas y de Concepción, de las planchas metálicas que se han puesto de moda ahora para que el pavimento no se hunda más (y de paso provocan las caídas de los peatones), del calor que desprenden estos materiales en verano, de los socavones, de las manchas que no se les van aunque les llueva encima todo lo que ha llovido este año...

Da igual. Los que dirigen la cosa urbanística siguen con su manual de estilo, así se quejen (como lo hacen constantemente) los vecinos, que tienen la desfachatez de vivir en los espacios donde ellos constantemente experimentan, que si el granito lo ponemos así, que si lo cortamos por acá, que si innovamos y lo ponemos ya directamente sucio y con grietas de fábrica... Y en esto que el gran paladín de este urbanismo moderno, el sumo pontífice Juan Cuenca, dice luego que, como no se sabe a ciencia cierta la pavimentación original del Puente Romano, pues que él decide que se pongan losas de granito "porque es lo que más abunda en el casco histórico" (sic).


martes, 9 de febrero de 2010

La Carrera del Caballo

La urbanización de la Carrera del Caballo constituye una de las mayores tropelías cometidas contra el pueblo de Córdoba, permitida (cuando no impulsada) por la aquiescencia servil de nuestra insignes regidores municipales.

El modus operandi ha sido el de siempre. Un promotor inmobiliario compra unos terrenos rústicos no urbanizables, en este caso la extensa finca de San José. Seguramente los adquiere porque quiere retirarse del duro ajetreo diario y dedicarse a la vida contemplativa en el campo, rodeado de pajaritos cantores y árboles frondosos que dan cobijo a reses vacunas. Elige, además, una zona destinada en el PGOU a Parque Periurbano, con la misma categoría de protección ambiental que Los Villares. El amor a la naturaleza se conjuga con el patrimonio histórico: en la finca hay restos de un acueducto romano del siglo I, un ramal del llamado Aqua Nova. A su vera corre un arroyo, el de Los Pradillos, rodeado de una dehesa con encinas y flores de manzanilla. Ni el mismísimo Virgilio hubiera podido describir en sus Églogas un lugar más bucólico y pastoril.

Pero, de la noche a la mañana, la cosa cambia. Posiblemente, la vida inactiva en el campo aburre. Se oyen rumores de que el promotor, Arenal 2000, va a urbanizar la zona. Ya en 2003, el Ayuntamiento va dando forma a un imposible: autorizar un plan que contempla destruir cientos de encinas, arrasar un acueducto y encauzar (o sea, matar) un arroyo. No será verdad, se dice la gente, algo tendrán que hacer las administraciones de cultura, medioambiente, nacionales o autonómicas, algún partido del Ayuntamiento se opondrá frontalmente, aparecerá quien sea...

El curso de los acontecimientos, sin embargo, parece que sigue ya una ruta sin marcha atrás. El teniente de alcalde y gerente de Urbanismo, el socialista José Mellado, alega que la urbanización de la zona por el promotor "ayudaría a reurbanizar y dotar de servicios, como el abastecimiento de agua, a las parcelaciones [ilegales] colindantes" (sic). Contra este argumento, tan sólidamente fundado, nada se puede discutir, pero es que tampoco ningún político tiene el menor interés en hacerlo.

Y el pueblo de Córdoba asiste atónito a lo inevitable. Se allanan cerros, se ciegan y desvían cauces y se desmocha todo resto de vegetación. La esperanza de que la urbanización resulte en una mancha dispersa de chalets aislados, dejando por lo menos espacios verdes entre ellos, es sólo eso, una esperanza. Hileras e hileras de tétricos adosados campan a sus anchas. Desgraciadamente, el vodevil no acaba aquí, y los políticos, para parecer que hacen algo, comienzan a pedir explicaciones porque las obras empezaron sin licencia, que si no se han construido las VPO previstas, que la Junta dice sí, que el Ayuntamiento dice no, que ahora dicen lo contrario, que se pone una multa, que ya ha prescrito... Pura fachada.

Finalmente, la construcción del "Paraíso (sarcasmo que no falte) Arenal" llega a su fin. Un humilde arco triunfal, perfectamente integrado en el entorno, corona la obra. Ya no podrá cantarse en la copla que Ramón Medina compuso a la Romería de Linares aquello de "por el puerto de la salve, cordobesita..." porque ya no existe el puerto de la salve. Sólo colinas resecas y ardientes en verano, coronadas por innumerables viviendas vacías y luminarias que no dan luz, pero que pueden servir para poner un cartel de los de Capital Cultural o del compromiso municipal en la lucha contra el climático.

Post Data: Aunque ya estaba Arenal 2000 en trámites judiciales y muchas de sus obras paradas o embargadas, el afán campestre continuó. Tal es así que a un conocido mío le ofrecieron dinero (al igual que a sus vecinos) por comprarle su finca, que se encuentra ya en la linde del arroyo de Linares. Así, es que, gracias a la crisis (algo bueno tendría que tener) aún perdura este arroyo, el cerro de San Fernando y hasta el propio Santuario.
(no sea Vd. exagerado, ¿cómo iba a permitir esto el Ayuntamiento?).