miércoles, 3 de febrero de 2010

El arroyo de las Piedras

Nace el ramal principal del arroyo de las Piedras, de la Peñas o de San Cristóbal, en el cerro de este nombre y el poeta Francisco Carrasco ha descrito de manera magistral su recorrido, desde su nacimiento, su paso por las huertas serranas de Los Morales, Hierro y Saldaña, su cruce por el Puente de Sansueña hacia el Barrio del Naranjo, y su trayecto por lo que hoy es el Polígono de Chinales, Barrio de Sagunto, la Viñuela y el Polígono de la Fuensanta. En la actualidad, el arroyo como tal se limita a su cauce superior, aún no invadido por las parcelaciones hasta la Huerta de Hierro. A partir de aquí desaparece bajo chalets construidos impunemente sobre su lecho, sale aún tímidamente a la luz en la abandonada Huerta de Saldaña y termina definitivamente ya como un mero colector de alcantarillado a la salida de esta Huerta. El menguado recorrido del arroyo, en fin, ha trastocado incluso su denominación, siendo nombrado preferentemente en la actualidad como arroyo de San Cristóbal, por el lugar donde nace y donde es aún identificable como un arroyo de nuestra sierra.

Evidentemente, no siempre fue esto así. Hasta mediados del siglo XIX bajaba el arroyo sin ningún obstáculo desde nuestra sierra hasta el Guadalquivir. La construcción en sus inmediaciones del Cuartel de Alfonso XII (luego de Lepanto) entre 1877 y 1883 supuso la primera "prueba" seria para su integridad, si bien la construcción militar quedó finalmente en el límite del arroyo, que pudo así seguir su curso aguas abajo (imagen 1).

Imagen 1. Mapa del término de Córdoba. Instituto Geográfico Nacional (1933)

Sin embargo, el cuartel fue posteriormente ampliado hacia el Este con pistas deportivas, hasta que en los años 50 del siglo XX alcanzó su configuración definitiva, que prácticamente doblaba la inicial de finales del XIX. ¿Qué paso entonces con el arroyo?: evidentemente ya "molestaba", y fue embovedado, junto con su afluente el arroyo de la Hormiguita, encauzados por un conducto de alcantarillado que transcurre bajo el camino enlosado que une las calles Sagunto y Avenida de Rabanales, donde acaban los edificios que aún permanecen en pie del antiguo cuartel y comienzan los jardines (sí, bajo esa chapuza de enlosado que cada dos por tres tienen que arreglar). Pasado el cuartel, la urbanización progresiva desde 1945 del barrio de la Viñuela-Rescatado implicó extender su encauzamiento bajo tierra más allá del mismo (imagen 2).


Imagen 2. Los arroyos de las Piedras y Hormiguita embovedados bajo el Cuartel de Lepanto. Al norte aún se ven sus cauces naturales. Ortofoto del vuelo americano (1956).

Esta obra de alcantarillado, bien fuera porque tenía una sección insuficiente o bien por la obstrucción que suponía un enrejado que tenía el conducto justo bajo el cuartel (seguramente por motivos de seguridad), el hecho es que ante lluvias intensas se atoraba, era incapaz de dar salida a todo el caudal del arroyo, y éste se desbordaba. Los vecinos más antiguos de San Lorenzo recordarán esos desbordamientos de los años 50, cuando venía la riada (la ría) que, entrando por los Padres de Gracia, seguía calle María Auxiliadora adelante, y buscaba el desagüe natural que siempre ha supuesto el cauce del Arroyo de San Lorenzo.
Esta tesitura, agravada aún más por la urbanización de la zona al norte del cuartel prevista en el PGOU de 1958 (barrio de Sagunto-Cinco Caballeros), obligaba a dar una solución definitiva al problema. Este PGOU preveía la construcción de una nueva avenida como límite del incipiente barrio de Levante, la actual Avenida de Carlos III, y por ella se desvió el arroyo de Las Piedras llevándolo por su acera meridional. Inicialmente, este nuevo cauce fue a cielo abierto, siendo posteriormente entubado e incorporado al alcantarillado. El trayecto del arroyo terminaba en su unión con el arroyo de Pedroches, pero ya no en su entronque histórico del Moredal (por donde caía el antiguo estadio de fútbol) sino al final de Carlos III, enfrente de la ya derruida Choza del Cojo (imagen 3).

Imagen 3. Mapa del término de Córdoba. Instituto Geográfico Nacional (1969)

Lejos de un bucólico encuentro entre dos arroyos, el embovedamiento del Pedroches terminó por configurar en ese punto meramente la unión de dos grandes colectores de alcantarillado, al que se podía acceder por unos escalones de EMACSA que pueden verse aún al final de Carlos III, cerca de la tienda de colchones. Hoy día, felizmente desenterrado el arroyo de Pedroches, que busca ahora al Rabanales por Tejavana, el arroyo de las Piedras queda como el gran "perdedor "del proceso de expansión de la ciudad por el Este.

6 comentarios:

Paco Muñoz dijo...

Laurentino, he disfrutado con tu descripción por partida doble, primero por lo amena y bien diseñada, y segundo porque la mayoría de lo que describes lo he conocido al natural. Toda la zona de Sagunto sin pisos; la construcción de la Avenida de Carlos III; el moredal; la Choza del Cojo; etc. Otro gran cauce de agua que ha sufrido el empuje de la ciudad ha sido el Arroyo del Moro, el que merecería otra entrada como esta.

Enhorabuena.

Un saludo.

Laurentino dijo...

Si, tengo pensado otra del arroyo del Moro, pero éste si que tiene "tela" que cortar.
A ver si saco tiempo.

Paco dijo...

Un apunte para el del Moro. Cuando se construyó el edificio del Área de Seguridad del Ayuntamiento -al lado del Parque de Bomberos- se tuvo que pilotar en la cimentación por el arroyo, y al final en el último sótano, se dejó una pileta con unas bombas de agua para desaguar en nivel máximo el agua del Arroyo. Ese fue el causante -por haberlo tocado tanto- de un desprendimiento de la tapia del cementerio de la salud, que socavó la zona cuando se estaba cimentando el edificio citado.

vértice dijo...

Amigo Laurentino, buscando información sobre unas cisternas romanas cercanas al Arroyo San Cristobál (desconocía los otros nombres) e llegado a esta entrada que ya conocía de antes, pues mi preguntas es la siguiente, las conoces.
Gracias.
Un Saludo.

Laurentino dijo...

Amigo Vértice, eres una caja de sorpresas. Lo que no sepas...

No sé nada de esas cisternas. ¿Por dónde caen?. Ten en cuenta que siguiendo más o menos el arroyo aguas abajo desde la finca de Los Morales se encuentra la conducción del venero de Santa Clara, en uso hasta el XX, y de la que se dice que es de origen romano (por cierto, parte de sus restos, ya de su tramo final, pueden verse junto a la tumba de la Puerta de Gallegos). Así que posiblemente esté todo relacionado.

Un fuerte abrazo.

vértice dijo...

Mejor te pongo el enlace

http://www.arqueocordoba.com/publ/anales/anales12/12.5.pdf